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El regalo de Morfeo (1 parte)
“Cualquiera puede volar, pero no cualquiera tiene alas”
La vida respiraba en el lugar. La inmensa piedra parecía consciente de lo que a su alrededor sucedía. Entre su color grisáceo se alcanzaba a percibir cientos de rayos de colores que inundaban el espacio. No era para menos.
Jazmiel, después de un largo viaje por los mundos celestes. Después de escuchar al trueno, abrazar la nube, jugar con el viento, refrescar al sol y arropar a la luna. Caía extenuada en su fina cama de lilas. La quietud reinaba en su lugar. Estaba dispuesta a dejar descansar el cuerpo para entrar en conversaciones con Morfeo – guardián de los sueños - ya que este hacia tiempo le había prometido dejar escapar los sueños para que ella pudiera atraparlos en la realidad.
De pronto en el ramaje se oyó un sonido. Ella abrió los ojos y vió que ante ella aparecían unas escaleras que se perdían en las nubes. Asombrada se paró frente a ella. Puso encima los pies y las escaleras la fueron llevando poco a poco hacia arriba. A medida que iba subiendo fue viendo el amplio bosque que se iba alejando, aunque ya había visto esto en medio de sus vuelos no había visto cuan majestuoso podía llegar a ser. Cuando estaba a punto de perder de vista el bosque, las escaleras pararon. Ella extrañada miró y vió que seguían, pero las que tenía al frente ya no tenían movimiento. Se alzó de hombros y se dispuso a emprender el vuelo de regreso a su casa. Entonces, oyó un canto que no había oído antes y alzó sus ojos. En medio de las nubes se colaban rayos multicolores. Deseosa de ver lo que era, siguió el camino de las escaleras que ya no la llevaban automáticamente hacia arriba. Paso a paso, iba internándose en las nubes donde a través de su neblina veía como los colores en forma de gotas de lluvia jugueteaban alrededor suyo. Iban y venían. Como perros juguetones se confundían entre ellos y volvían a nacer convertidos en otros. Jamás había visto un espectáculo tan hermoso. No iba mirando las escaleras, iba mirando lo que aquel cielo le ofrecía. De pronto sintió que se caía. Se había tropezado con un escalón que estaba un poco más pequeño que los que había estado subiendo. A partir de ahí, cada peldaño se iba haciendo más pequeño a cada paso. Vió que seguían miles de ellos y en su afán de llegar al último, intentó volar, extendió sus brazos y se lanzó al aire. Con horror comprendió que en ese lugar no podía volar y cayó en el vacío. Cerró los ojos y en un momento, reemplazando al vacío, sintió un calor en todo el cuerpo. Un calor que vivificaba. Abrió los ojos y vió a las miles de gotas de colores formando una manta, que la llevaba de nuevo hacia la escalera. Apenas la pusieron allí, volvieron a jugar y a crearse de nuevo entre ellas. Ella ignorándoles, rompió a llorar desconsoladamente ¿Cómo había podido perder su facultad de volar? ¿Cómo era posible que existiera un mundo en el que ella no pudiera surcar los aires? No podía ser, debía abandonar inmediatamente aquel lugar y volviendo sobre sus pasos empezó a desandar lo andado.
Estaba bajando, pero de nuevo oyó aquel dulce canto. Se detuvo un momento dudando, se volteó. Las gotitas se habían unido detrás de ella. Eran hermosas. Todas juntas hacían combinaciones de los más extraños colores. Entre su movimiento el azul se unía con el rosa y después seguían las dos un trayecto en el cual se iban a unir un poco mas abajo con el amarillo que los esperaba ansioso llevándolos después hacia el rojo. Miles de colores que se unían y desunían, formando ríos de alegría que nunca tenían surcos definidos. Al mirarlos por un rato vió como se formaron poco a poco en una enorme sonrisa. La más cálida y hermosa que había visto en la vida, con algo que no sabia que era, pero que la hacia sentir realmente bien. El fondo que dejaba traslucir aquel muro de colores, era algo espectacular. Pudo por fin, después de visitar varias de sus sedes, ver el hogar de Dios.
Con el corazón saltando, decidió seguir subiendo. El muro de colores se abrió frente a ella convirtiéndose así en una puerta. Esta vez los peldaños eran aún más angostos, por esto, mucho mas difíciles de pasar, pero ella seguía movida por aquel canto que cada vez se hacía más y más fuerte. Miró hacia abajo. Las gotitas de colores le mostraban aquella sonrisa que ahora resplandecía de felicidad.
Vió por fin el final de las escaleras. A medida que se iba acercando iba apareciendo ante sus ojos un paisaje nunca jamás visto en su vida. Unas cascadas de aguas cristalinas se originaban de un punto mas arriba del universo mismo. Sus aguas caían en un sonido de miles de risas liberadas por la alegría y de ellas salían estrellas pequeñas como si sus aguas evaporadas subieran de nuevo a cumplir una cita ya estipulada. Los arbustos que rodeaban este gran durmiente eran los más relucientes que jamás vería en su bosque. Caminó en medio de unas plantas que no eran mas altas que su cintura, en las que sus flores apenas sentían el contacto de sus manos, volteaban a verla y se oía un murmullo en el aire que decía “llegó, llegó, por fin ha llegado”. Llegó al lago en el cual caían las aguas de aquella hermosa cascada y haciendo de sus manos un vaso, tomó un poco de agua y además se lavó la cara.
De pronto oyó a su lado aquel cantó que había oído, oyó claramente lo que decía:
Cuanta belleza desplegada
Cuanto fulgor abunda en el lugar
Oh! Pobre de mí, luz apagada
Que no logro verla en esta oscuridad
¿Quién es ella?
¿Existirá?
¿Será que alguna vez
la vida vendrá?
Se trataba de un hombre que con la mirada perdida, cantaba y de sus ojos ciegos, lagrimas salían.
“Llegó, llegó, Akary, por fin ha llegado” – se escuchaba
Oyendo esto, Akary, que sentado estaba al borde de las aguas, se levantó y dirigió sus ojos a todos lados.
- ¿Dónde está?¿dónde está? – preguntaba ansioso
- A tu lado, a tu lado – se oía
Él dirigió su mirada a ella y viéndola sin verla, esbozó una gran sonrisa preguntando:
- ¿Estas aquí?
Ella sorprendida vió que su sonrisa era la misma que había visto cuando aquellos colores se la habían regalado en su subida. Era la misma sonrisa cálida que le ofrecía ese algo que no sabía que era y que ahora sabia que era amor.
Tomó el rostro de él y acercándolo al suyo le dio un beso que le transmitió paz, regocijo, alegría. Sentía como su beso era correspondido con la más grande de las entregas. Cayó rendida ante tal desprendimiento y así, a la vez que él, ella le entregó toda su esencia. Con los ojos cerrados, oía como el sonido de la cascada ya no eran risas de alegría sino de plena felicidad; las aguas quietas habían dejado de estarlo, porque sus aguas bailaban al son de un cantico que venía de todos lados sin poder saber de cual en especial
Así ha sido
Y así será
Los que están destinados
Tarde o temprano se tendrán que encontrar
Abre los ojos
Hombre paciente
Ábrelos que tu vida
Se encuentra al frente
Abre los ojos
Hombre valiente
Apodérate ahora
De lo que tuyo fue siempre
Ella abrió sus ojos y se encontró con los de él que la miraban con ternura
- Has llegado vida mía, has llegado. Nunca mas te preocuparas de no poder volar – le decía.
Ella sintió algo raro en la espalda y vió que de ella salían dos hermosas alas de un blanco inmarcesible. Las alas ya habían hecho su primer trabajo. Aquel beso fortificante les había dado vida y ahora se encontraba en medio del lago y por encima de este. Observó que Akary también tenía unas iguales. Sonrientes se abrazaron y cerrando los ojos sintieron el calor confortante que juntos se brindaban.
Cuando los abrieron estaban en medio del bosque que Jazmiel había dejado. Acostados contentos los dos en aquella cama de lilas, durmieron abrazados. Jazmiel hablaba con Morfeo. Le agradecía que hubiera cumplido su promesa. “No es nada – dijo Morfeo – ya dejé escapar tus sueños, ahora, vívelos en tu realidad”
Encima de ellos estaban las gotitas de colores que no se cansaban de jugar entre ellas. Algunas se habían separado un poco de las otras para danzar alrededor de ellos.
Una inmensa piedra que estaba en el lugar parecía consciente de lo que a su alrededor sucedía. En ella se percibían cientos de colores que inundaban el espacio. No era para menos.
Esta historia tiene 2 partes porque fueron dos mundos, dos corazones quienes la vivieron. Dos corazones que ahora laten y latirán juntos. Si desea ver la segunda parte visite el site de haiiku.
Texto de paois agregado el 21-01-2006. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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