Dócil como la sinrazón y el desamparo,
como el sacrificio de un ángel
que ha caido de la tormenta arborescente
al mar.
Dócil como el cristal dócil
que sostiene una cornisa
sobre el leve viento encadenado.
Dócil como la clepsidra
y su minuto de agua
en el implacable discurrir del río;
dócil como el rostro dócil que has perdido
para siempre en algún espejo.
Dócil como una noche de lobos
y pesados párpados de hielo blanco;
dócil como una ilusión,
como una esperanza,
dócil como la fé de los falsarios
y los hipócritas.
Dócil como la profundidad del oceáno sin luz,
como la palabra de Dios,
como la luz de una iglesia.
Dócil como la sombra fina
de una rosa abierta.
Dócil tu mano de gorrión,
dócil y azul tu mano pequeña. |