Si luego de huir,
quién sabe donde,
vuelves a recoger las rosas azules
que lloraste por las noches,
noches de enladrilladas estrellas asfixiantes,
noches de párpados velados de sudor,
noches de ancianos velámenes.
Si te vuelves a herir contra la constancia
de los relojes
y una rozagancia de uñas negras
te desgarran la piel
o te cubren de un vendaje mineral
para al fin parirte en pleuras insensibles.
Si el sacrificio de Dios no basta
para incendiar la escarcha negra de tus rincones
y tus espejos;
si no hay en esa pira vestigios de lágrimas
en reflejos perdidos.
Y si caes de rodillas
en un vasto territorio curtido de intemperies,
y si esperas la señal de un amor que te libere,
y si es demasiado tarde,
y si nunca más...
a Dolores. |