Gracias por mecerme en la cuna de tu regazo,
por aparentar seguridad y falsos sentimientos.
Gracias por inventar un brillo falso en tu mirada, para empujarme de nuevo a la batalla.
Gracias por tu dureza,
tu frialdad y tus palabras comedidas.
Gracias por lanzar palabras a la noche
y desvanecerlas al amanecer.
Te agradezco tu retorcido actuar,
porque me ha hecho abrir los ojos y crecer.
Enfrentar de cara mis fantasmas
y surgir más espléndida que nunca.
Gracias por enseñarme paso a paso
todo lo que no quiero ser ni de lejos,
por mostrarme la cara oscura y cruel
de la humanidad;
porque así reafirmo mis sueños
y viajo sonriente en nubes de cristal.
Gracias por esas fresas lastimadas,
llenas de espinas cortantes y moralejas.
Desde lo más profundo,
no tengo palabras para decirte
todo lo que has aportado a mi persona,
aún sin darte cuenta.
Jamás pensé que el sabor agridulce de tu esencia me diera alas para elevarme en una ráfaga serena.
Y sobre todo,
gracias por haberte retirado a tiempo;
porque de este modo aún puedo agradecerte,
en lugar de maldecir tu existencia.
Siento que no te hayas salido con la tuya,
tus estacas no han dado los frutos que esperabas.
Y, sin rencores, darte infinitamente las gracias
(un poco agridulces) y mi despedida.
Buena suerte en tu camino,
que esta ingenua ya despierta.
P.D: De todo se aprende en el camino de la vida. No todo son cómodas veredas,
muchas veces se nos presentan
lluvias torrenciales que intentan hundirnos,
pero que nos hacen salir a flote con más fuerza.
(El denominado efecto rebote)
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