Los invitados
Orillando en la negrura, que no es la de la noche, los invitados seducidos arrastran sin conciencia la rapiña de su alimento.
Profanadores y verdugos, la marea blanca se contorsiona, en los recovecos húmedos de la tierra.
En el pequeño hemisferio, donde la tenebrosidad es eterna, la blancura lunota del hueso asoma entre la carne de una pequeña mano, no tardará el diabólico tropel en llegar con sus bocas sangrantes,a devorar
las minúsculas gotas de carne.
Se perfuman sus cuerpos viscosos en la opresiva, fermentación de los cuerpos pútridos,
y en las profundidades ciclópeas, bajo la cúpula mortuoria de las cruces destrozas, copulan
con su danza larvaria los emperadores de la muerte
Y estoy ebrio de amor,
por la muerte que es mi novia.
Suavemente los gusanos por ella se pasean.
E .A.POE
|