Azules por dentro,
oscuros en torno,
trazos agónicos que rozaron mis manos
y luego se marcharon con la lluvia.
Yo los amé cuando encerraban el sueño
tras los párpados cubiertos
de niebla y olvido,
o cuando la luna silente rasgaba mis labios
y se extraviaban en el hueco
de un espejo negro.
Retazos de agua blanda
que encienden el pálido sol de la noche,
cuando estoy muerto y vacío,
cuando tengo el alma desnuda
y hace frío. |