La Celda # 7
Celda # 9
El viernes pasado se quiso suicidar ¡En frente de mí!, ese al que le dicen el callado, el de la 7, afortunadamente los guardias lograron evitarlo. Pobre... ¡Hasta mañana!
Celda # 4
¿Ya supiste lo del 7? ya, ya sé, por mí que se mate, al fin y al cabo parece que ni existe. Uno más, uno menos, ¿A quien le importa?
Celda # 5
La verdad, si el imbécil este se va a matar, pues al menos que brinde un poquito de placer ante de morirse ¿no crees?, lo haré mi mujer antes que difunto jajaja. En una noche como esta me hace falta calor humano.
Celda # 3
Otro más que intenta suicidarse, ¿que cosas pasarán por su cabeza para quitarse la vida?
Celda # 2
El de la siete anda dando mucho de que hablar, ¿Crees que se mate? Me vale lo que él haga, ¡ya cállate y duérmete!
Celda # 7
El cuerpo inerte, de un joven de 25 años, cuelga de los barrotes, amarrado al cuello con su ropa interior, su muñeca izquierda chorreando su brillante sangre muy lentamente, a consecuencia de; su anterior intento fallido tres minutos antes, ahí predomina un silencio absoluto ante el vaivén de su cuerpo ya sin vida.
La nota roja en los diarios no se hizo esperar, luego de 7 días nadie recordaría el evento.
Existe tanto dolor en mi sangre, el dolor producido por la navaja en mi brazo izquierdo no se compara con el dolor de mi existencia. Percibo mis pies inestables y siento caer hacia atrás, el pecho es la tumba de mi respiración entrecortada, inhalando sintiendo asfixia, y exhalando con miedo a terminar. No quiero vivir.
Tengo mi ropa interior entre las manos, que diferente se ve ahora, antes me la quitaba para disfrutar la unión de mi cuerpo con el de Alejandra, esa prenda que con tanta velocidad se dirigía sin rumbo en nuestra habitación, se posaba sobre cualquier parte cual mariposa eterna, solo que; en esta noche, se presenta ante mí como la llave de mi muerte, otrora testimonio de mis arrebatos, tan inútil ante mi pasión, ahora tiene más poder que el filo de la guillotina.
Lo siento por aquellos habitantes del cementerio que me acompañarán, lloraré tanto ahí que no podrán descansar en paz.
Mi amada Alejandra, cuanto anhelo volver a verte, nunca sabrás cuanto te amé...
Aquella noche, tú no me esperabas, y yo... no esperaba encontrarte con quien te encontré, ni como te encontré, jalé del gatillo de manera impulsiva, ¡Me juraste amarme y respetarme! ¡Por el resto de nuestras vidas! Les di muerte mientras pecaban, mientras fornicaban majestuosa y agitadamente en nuestra cama, los oficiales llegaron luego de treinta minutos, yo aún permanecía petrificado e inmóvil desde el último disparo del cartucho. El oficial que me arrestó se conmovió ante el espectáculo pasional, no opuse resistencia, en mi arresto, sé que él oficial pudo ver mis lágrimas sobre mi rostro estático. Yo miraba la sangre... Vertida, a causa de mi amor.
|