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Inicio / Cuenteros Locales / pierremenard / Matrices.

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Caminaba aferrado a la saliente del granito sintiendo la lisa humedad pegada a cada tramo vacilante de la rampa. Fuera de la roca insistian los murmullos, el leve pero persistente respirar de aquella maraña oscura y palpitante que lo abarcaba todo, desde las dunas cenitales, agrestes e inalterables como placas coriáceas, hasta la densidad de las sombras que se extendían perpetuas desde el comienzo de los tiempos y que cubrían una región de minerales opácos.
Reptó por un estrecho nicho que se abría al concluir la rampa; tanteó en la oscuridad los rugosos canales por donde corrían regueros de aguas crepitantes.
El vislumbre de una luz sucia en el fondo del nicho, hizo que sus movimientos aletargados se despertaran, pero fué nomás un despliegue innecesario que lo llevó a un recinto cuadrangular ceñido de antorchas en cuyo centro se abría una hendidura que recibía las aguas de los canales y regurjitaba una materia de consistencia melinflua.
Aquél salobre licor mantenía la energía de su cuerpo en constante flujo y reflujo; lo absorbía cuando despertaba de su letargo y lo mantenía en su actividad durante el período suficiente para persistir en el escaso ciclo lunar.
Se sumió en la hendidura y todo su ser adquirió una elasticidad gomosa que asordinó el rebote de sus miembros contra la dura conformación pétrea.
Un cubículo húmedo y escaso desesperó cada uno de sus sentidos; los ingresos a corredores y pasadizos que radiaban de centros inestables asemajaban fauces de bestias dentirrosas.
Creyó percibir con el tacto una tumefacción que el desgano o la impaciencia lo llevaron a golpear con fuerza; el golpe accionó aecretos mecanismos y abrieron la trampa.

La dulzura cruel de una luz inusitadamente clara lo hirió. Las leznas que lo traspasaban orificaban un espacio en brumas.
No reconoció la envoltura que lo aprisionaba; fueron acaso minutos pero bastaron para que un rudimentario entramado de símbolos despertaran en su mente sonidos abstractos: una ventana, un jarrón, un atisbo de cielo infinito, una puerta, y luego (eso lo sabría despues) intrincados pasadizos.

Texto agregado el 27-01-2006, y leído por 24 visitantes. (0 votos)


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