Adoro los viajes, conocer nuevas culturas, disfrutar del arte en cada escenario y persona. Los detalles los plasmo en papel fotográfico, resumiendo de esta manera la vivencia y experiencia. Esta tarde revivo el viaje, podía haberme parado o elegido otra foto, pero he escogido ésta.
¡Quién no ha escuchado hablar de la mágica ciudad de Florencia!
¿ Habrá podido alguien visitarla sin desnudar su alma ante tanta maravilla? Yo no.
Pulular por las calles de Florencia no deja indiferente a nadie. En medio de la ciudad, en uno de los ejes de la vieja urbe Romana, se alza el conjunto arquitectónico más emblemático de la ciudad; La Catedral de Santa María del Fiore con aire austero pero poderoso y armónico. Al lado el Campanille exterior y el Baptisterio de planta octogonal. Tardas poco tiempo en darte cuenta de que Florencia es una ciudad imperiosa, está ansiosa por hablar, organiza y dirige cada uno de sus ladrillos asumiendo que poseen vida propia. A sus espaldas la historia, sus inicios, sus creadores, la cultura de la época y el sello de la nobleza reinante así como la influencia de los Medici, (comerciantes y banqueros).
Cuando sales del Duomo, dejas de ser turista y te conviertes en un ciudadano más en su tierra. No sé si llamarlo magia, tal vez simplemente arte o maravilla, pero cada vez es más fuerte la sensación de ir acompañada de una libélula, ágil, bella, brillante, divertida, cordial y buena anfitriona.
La parada obligatoria es el puente Vecchio. ¿El truco? No mirar el río desde el lado turístico sino del contrario, del que todos ven pero no prestan su atención.
Sin darte cuenta caerás rendido ante el murmullo de sus gentes en un ir y venir colorista y bilingüe. Con algo de suerte te acompañará la suave melodía de un violinista que sentado en el interior de la Galería Uffizi comparte sus notas con todo aquel que se detenga a disfrutarlas. Una pareja de enamorados disfrutan del momento. Ella lleva abrigo negro largo y una rosa roja en la mano, él la abraza por detrás y aparta con suavidad la melena para besarla en la mejilla.
La galería fue construída en su momento para ser edificio de oficinas y tiene forma de “U”. Es punto de reunión muy importante en la ciudad, albega en su interior una magnífica colección de pinturas de Miguel Angel, Leonardo y Tiziano entre otros, situándose entre los primeros museos del mundo. Libros, pinturas, esculturas…… y aquella música.
El símbolo de la ciudad es un león y la monumental Fuente de Neptuno ,frente al palacio Vecchio te lo recuerda.
En esta foto el paisaje resume la estructura, el cuerpo de Florencia. La mirada refleja el alma y el arte de la ciudad.Una imagen feliz, sonriente y con pose serena ante la imperiosa Florencia detrás.
Sonrío nuevamente de la misma manera.
En medio de la ciudad se levanta un edificio cuya fachada no llama su atención de forma particular pero alberga en su interior auténticas obras de arte, piezas únicas y bien conservadas. Es la Galería de La Academia. El sello inconfundible de Miguel Angel destaca de manera especial, renacen sus palabras, decía que la piedra que él trabajaba ya tenía vida antes de pasar por sus manos y que su función era tan sólo hacer “salir” de dentro de la piedra hacia fuera aquella vida, darle sentido. El pasillo principal se ensancha a ambos lados. Es un pequeño pero exquisito aperitivo que nos prepara para el plato fuerte, al final del pasillo Miguel Angel nos hace un guiño donde ahora se alza imperioso su “David”. Me quedo quieta, perpleja, maravillada, la mejor observadora delante de la obra maestra. El autor dio vida a su antojo e impuso su carácter y sello personal . Contaba con treinta años cuando le encargaron esta obra, la escultura nació con prisas y exigencias que molestaron al propio Miguel Angel, pero lejos de abandonar su buen hacer esculpe la piedra a conciencia dando vida a unas manos exageradamente grades y totalmente desproporcionadas al resto del cuerpo. Es como si Miguel Angel reivindicase en su obra su descontento inicial.
Hay una hermosa cúpula en la parte superior del David, y mientras observo su rostro un precioso arco iris se refleja en las vidrieras, bajo esa lluvia de colores una luz parpadea, es mi libélula, la que me ha guiado, la anfitriona perfecta. La que ahora acompaña mi foto, en esa mirada, la chispa de Florencia.
La hermosa Florencia.
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