De repente se acabaron los sueños y las canciones. Fue en el tiempo en que abrió los ojos por primera vez. Todo era oscuro en ese lugar, como una noche concentrada. Hace apenas unas horas o unos siglos estaba acostado en su cama mirando las figuras que aparecen de repente en la oscuridad. Sintió que lo miraban pero no sabia de donde. No tenía noción de nada. No sabía si estaba sentado o de pie, si miraba a la izquierda o a la derecha. No sabía si tenía los ojos cerrados o si estaban abiertos. Fue entonces cuando se dio cuenta que estaba muerto.
¿Pero como puede alguien despertar estando muerto si la muerte es el sueño mas profundo que se conoce? - Pensó.
Ya las preguntas no importan, tú conoces todas las respuestas. ¿Para que perder el tiempo preguntando? - Oyó que le decía alguien en su mente.
Nunca había estado muerto antes y era una extraña sensación. Era como estar en todas partes sin estar en alguna, con todos los pensamientos llegando en un instante como relámpagos. Estaba "siendo" todas las cosas al mismo tiempo y a la vez tenia conciencia plena del abismo sin fin que lo rodeaba.
Tal vez así es el universo, un abismo sin fin, la expresión absoluta de lo que llamamos silencio, la nada que lo ocupa todo. Las almas son mas extrañas aun, a fin de cuentas son la esencia del universo. Son el silencio que arma el silencio, las partículas de esa nada que forma el espacio y el tiempo.
Puedes volver a nacer si quieres, pero es mejor estar muerto. Aquí los espíritus no hacen daño, solo sueñan. Sueñan con el cosmos y con las almas vivas, esas que siempre están llorando y maldiciéndose, esas que todo lo destruyen sin razonar, esas que dicen ser sapientes pero sin embargo no saben (o no recuerdan) ser dueñas del universo mismo - Le respondieron. Pero prefirió no escuchar.
Prefirió nacer de nuevo para acabar con la tristeza en el mundo, con el hambre y la enfermedad; prefirió regresar para recordarle a las almas del bien que son capaces de hacer; del poder que cada una alberga en los ojos. Él cambiaria el mundo para que los espíritus tuviesen mejores sueños; para recordar orgulloso sus actos cuando volviese a morir.
Treinta años después no recordaba para que había regresado, solo quería encontrar un banco vacío y tal vez con suerte algunos periódicos viejos o algo más con que cubrirse del frío de la noche. Todo le daba vueltas, tal vez por culpa de esa botella caliente que traía en los pantalones.
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