La serpiente
Bebiendo el perfume de tu cuerpo, como una serpiente me enrosco.
A fuera la luz del sol se esconde tras los grises muros de las casas silenciosas.
Tu cuerpo se contorsiona entre mis brazos, tus caricias llenan mi anhelosa ansiedad
y ya nada importa , este cuarto es el reino que siempre soñé, tu eres mi reina muda y silenciosa, eres la artesana que haces maravillas en mi cuerpo.
Llega la noche, y la luz de la luna se desliza sobre tu rostro, en la hondura de tus ojos extrañas formas se agitan, como en calidoscopio las imágenes se multiplican, veo un orbe sobre un vasto desierto ardiente, una mujer que llora al pie de una cruz ; una tumba en las profundidades púrpuras de un lago, un templo olvidado por un poeta soñado.
OH serpiente,
que has
envenenado mi alma,
dame ya el descanso eterno.
Regresa te ruego
a tu cueva oscura.
Tu codiciosa ramera,
que te deleitas en el pecado
libérame de tu opresivo deseo.
¡Que le importa la condenación eterna
a quien encontró en un instante el goce infinito!
CHARLES BAUDELAIRE
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