Mi musa despierta en la noche eterna de mi dolor, me acaricia con sus dedeos de ángel el alma y se acuesta a mi lado.
Mi musa es una niña temblorosa, que desciende a los sombríos infiernos para recitarme sus secretos. Mi musa es un pájaro que navega, hacia el brillo distante de una estrella perdida.
Todo el oro de mundo no compra su abnegada constancia; ella se sienta a la mesa del pobre
y reniega de la vanidosa opulencia.
Los ojos de mi musa reflejan la triste mirada del poeta, su perfume de flor se embriaga con la dulce fragancia del opio.
Mientras en sueños escribo estas pobres palabras, mi musa sonríe a mi lado.
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