Escucho sus gemidos de dolor y me arrepiento de haber vertido el veneno, sus gritos suplicantes me atormentan, las recuerdo a cada rato… ¡las asesiné! ¡Las maté a todas!... Aunque aún las hay con vida, ya no hay vuelta, el veneno ha penetrado en sus cuerpos pequeños, sólo les quedan los últimos minutos de agonía, mientras sus estremecedores gritos aumentan mi culpa… si al menos las hubiera matado sin dolor, el arrepentimiento no carcomería mi alma con tanta rabia… ¡Pero lo he hecho! ¡Ya está! ¡No hay vuelta atrás!
Lo siento… ¡Lo siento! Ellas me fastidiaban, por eso lo hice… sé que no es la mejor forma, sé que no debí tirar insecticida para eliminar a todas las moscas que entraron a mi habitación, contaminando, de paso, el ambiente…
…Todos tenemos momentos de debilidad…
|