Las miradas se embutieron en silencio, una dentro de otra.
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Y las venas rebozaban de burbujas
Y burbujas en quebrantada sinfonia tocaban el cielo para mi.
Y el cielo rechinaba en tropel para acaramelar al alma.
Y el alma se descargo en furia contra la pared.
La sombra quedò esculpida sobre la mesa.
Cada noche.
Y cada silaba.
.-No mentia.-
Ciega, viste.
Muda, gritaste.
Y la parálisis te movió a pedir.
Ayuda.
Auxilio.
Agua y simples favores que en tu puta vida imaginaste.
Y gritaste, y te escuche, y me fui por la puerta de atras.
Y volvi, te espié, y te deje gritar para que sientas.
Mi dolor.
El dolor.
Los dolores de cada aguja, cada pastilla, cada quimico corrosivo.
Partir tu cuerpo.
Tu mente.
Tu vida.
Y sangraste, te derretiste.
Ojos te miraron, sin brillo, nunca pudiste volver a quitar
de tu cabeza esas negras y opacas orbitas.
Ese pelo duro y parado.
Esos miembros que como salchichas escupia tu vientre.
Mirá el mosaico, arañá los azulejos.
Pudrí tu corazón con la libertad que hay tras el patio.
Tragá el valium y dormite.
Mañana tal vez venga.
Tal vez.
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-¡Hooraaa!-
-Bueno, me voy amor, felíz día-
-Terminó la visita señor, Elva tiene que dormir-
-Claro que sí-
Y la retiraron en su silla, babeando como siempre. Mirando pero no observando. Callada, retorcida. Frágil y carente de su Yo.
Almacenando muerte.
En su visita diaria.
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