ps: perdonenme, pero estoy subiendo mis textos esparcidos por el ciberespacio, y no encontre mejor lugar que este para guardarlos. Los textos son variados como veran, y extraños tambien...
Joselillo gustaba de amaestrar cururúes marroquíes en su piecita del fondo. Mate va, mate viene; todas las tardes bajo el árbol de mango que se encuentra a pasitos de su puerta, se entregaba al apasionante mundo que es el entrenamiento de estos africanos anfibios.
Meticuloso y obsesivo. Sometía a sus criaturas a rigurosas sesiones de entrenamiento y los uniformaba con un mameluco naranja hecho por doña Marrona -su madre-.
Meloso, Matraca y Medina eran los nombres de estos animalejos de God. Meloso por su particular forma de mirar; Matraca debía su bautismo a su aparato reproductor indómito y astral y Medina...bueno; era bastante chismoso y se dejaba crecer un bigote rubio muy inapropiado, pero que se le va a hacer, por ser un fan del Teto no se lo podía condenar al fracaso.
El programa de actividades se iniciaba con el toque de diana a las 0500 y Joselillo les daba exactamente 5 minutos para bañarse, vestirse, desayunar y formarse en el patio.
Salto sapo, flexiones, trote y abdominales durante 45 minutos para calentar. Tiro al negro, carrera de obstaculos y sesión de balero combinado con tácticas militares eran de la partida tambien.
Cierto día, cuando el día daba por finalizado su tarea y los rayos de Febo agonizaban tras el firmamento, Joselillo se tendió en su hamaca noruega, presto a entregarse a los placeres del ocio. Siempre pasaba revista a la tropa antes de tenderse a pleno en su hamaca para luego dejarlos descansar.
Decidió premiarlos por sus progresos. Matraca había demostrado grandes avances en su salto con garrochota y Medina se había vuelto un maestro en el arte de la contrainteligencia. Meloso día a día ascendía niveles en su habilidad innata para el tiro.
El premio consistió en dar por terminado el entrenamiento del día dos horas antes y les dió el día libre.
Los sapos milicos nunca, en sus 4 años de vida, habían salido de la casa y esto era una aventura nueva. Se tomaron de las ancas y salieron a explorar...
-¡Oh yeah!-
Joselillo se balanceaba alegremente en su hamaca cuando sintió unos gritillos que salián de la zanja vecina.
-¡Oh yeah!-
Se (h)oyó nuevamente.
Saltó de su hamaca, corrió hacia el portón, abrió y salió afuera. A la derecha, nada, un par de jilgeros fumando un sistema, a la izquierda, tampoco nada fuera de lo común, unos cuantos grillos se divertian tomando vino desde la noche anterior, festejando seguramente el cumpleaños de algún amigo. Al frente, doña Ermita observaba los pies de Joselillo con la boca abierta. Abajo...Medina, Matraca y Meloso siendo sodomizados por una banda de energumenas ranas stones.
Hacer de tripas corazón fue su lema y con la ayuda de sus borceguíes eliminó la escoria rollinga que humillaba en plena calle en un festín porno-zanjoso a sus amados cururúes.
Matraca y Meloso, de rigurosas tangas con encajes yacían abrazadas, temblorosas y agonizantes sobre una baldoza rota de la vereda. Medina, el más afectado, besaba el cuerpo aún caliente de una de esas ranas apestosas.
Y Joselillo, con una lagrima en la barbilla, las rodillas plegadas y el espiritu constreñido amagó resignación y aplastó a sus criaturas...
"Dile no a las drogas a Migo...porque las vende caras". |