Entregué unos cuantos pesos
al soldado herido de mi porvenir,
saltó volando bajo una fumarola
que se rió de mi.
Recordé a los pasajeros
del bagón cerrado lleno de acerrín,
que cantaban a la noche
y del otro lado aprendí a morir.
quise recorrer tu nombre
cuando estaba helado dentro de mi ser,
Nunca quise tomar tu cintura
que sin ninguna duda me haría vivir.
Supe que nunca la muerte
ríe tan despacio como aquellos pies,
supe demasiado tarde
que el sol no se guarda dentro de ningun tren.
|