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Inicio / Cuenteros Locales / eaco / Daniel Grimaldi (El asesino de hadas)
No resulta simple hablar de la obra del dramaturgo limeño Daniel Grimaldi. Considero que el intento será tan breve como el contenido de la misma. Breve sí, pero no menos reveladora del altísimo valor de su razón y su particular sentido estético; dueño de una mágica calidez a la hora de consagrar lo siniestro.
El paso del tiempo y el creciente aumento de las mentes simples han intentado aniquilar todo vestigio de su prosa pecando de omisión; pero para disgusto de tercos e infames y gracias a la pericia de algunas almas nobles, un puñado de textos han sido arrancados del olvido y de la extinción. En particular gracias a esa tendencia idílica que algunas mujeres poseen de conservar todo tipo de estupideces en cofres enmohecidos, como por ejemplo antiguas epístolas que jamás volverán a ser leídas, piedras recogidas en veranos furtivos y envolturas de caramelos y chocolates compartidos con el amante de turno. Estas últimas, intuyo, debido a la superstición de añorar el dulce sabor de pasadas épocas.
Marguerite Ciraq, ex agregada cultural de la embajada francesa guardó celosamente un puñado de manuscritos y borradores de Grimaldi; los que eran recibidos asiduamente acompañados de ardientes y lascivas cartas en las que el autor desnudaba sus más bajos instintos. En este único caso reconozco el valor del acopio.
En poder de la licenciada permanecían poemas épicos, canciones, ensayos políticos, un importante número de cuentos infantiles y finalmente, el más extraño de sus trabajos: una versión personalizada de El Capital.
Pero dejaré de reseñar el modo en que conseguí hallar estos documentos y me avocaré totalmente a la composición del perfil de Grimaldi.
Daniel Grimaldi era dueño de un altísimo espíritu conjetural y un estudioso incansable de la conducta humana. Es así como en una carta dirigida a la licenciada, en respuesta a otra remitida por ella en la que lo convidaba a participar de un agasajo en la embajada de los Estados Unidos en calidad de compañero de velada, Grimaldi le responde con seriedad:
Mon cher:
“Me halaga sobremanera su invitación pero debo negarme rotundamente a participar de la velada aunque esto signifique el sacrificio de una noche en su lecho a las postrimerías de la fiesta. Es mi razón más poderosa que mi calentura aunque resulten sus carnes más poderosas que cualquier escrúpulo.
Pero tratándose de la embajada norteamericana no puedo más que negarme”
P.D. Adjunto a la presente un gran anhelo de besar su ingle.
Apasionadamente.
Grimaldi
Aseguraba además que el caos en que la sociedad se hallaba inmersa tenía su origen admonitorio en la infancia de cada individuo; que su conducta en la madurez era hija de la destrucción del ideal equilibrado y feliz versado en los cuentos infantiles.
“Los cuentos infantiles”, decía, “no son otra cosa que una siniestra malversación de la realidad. Su carácter profético-poético arroja sobre los pequeños un manto providencialmente ilusorio, irreal; en el que héroes épicos, hadas madrinas e incluso sapos de fangal son capaces de someter a cualquier enemigo o resultar victoriosos ante cualquier adversidad. Las desventuras en estos relatos son casuales y efímeras despreciando totalmente la causalidad. En ellos se fija un patrón predecible y reiterativo. Así las pobres niñas asfixiadas por la desgracia siempre hallan un bello príncipe que las lleve a palacio haciéndolas reinas. Los pobres y miserables hallan siempre una estratagema para enriquecerse, aún a costa de un animal parlante. En los cuentos los malos gobernantes mueren o son apresados oportunamente y sólo prosperan los justos. Sin lugar a dudas la recreación de este universo falaz y utópico tiende a la degeneración irreversible de la mente infantil.”
Opinaba que en verdad, el hombre moderno era tan sólo un protohomínido en vías de convertirse en “hombre”, sin coincidir en lo absoluto con la idea Nietzscheana del superhombre. Su hipótesis conjetural se aproximaba a una idea de evolución fundada en la exhibición especifica del medio; una adaptación concreta mediante la exposición desde pequeños a lo sucedido y a lo posible.
Fue así como en una conferencia dictada en el Colegio Virgen de Fátima en 1969, se trabó en una acalorada discusión con el reconocido cuentista infantil Adelmar Buitrago, quien ante una multitud de profesores y maestros, con empeño pero sin argumentos, exponía acerca de la necesidad de instalar entre los niños la idea falaz del mundo perfecto; esto como contribución eficaz a la composición de un universo gentil y razonable. Indicó también en su discurso que el hecho de que aquel universo no fuese alcanzado por los niños ya adultos, era exclusiva responsabilidad de su desatención. Grimaldi se puso de pie mas no para acompañar la ovación dirigida a Buitrago, sino para apurarse al estrado, empujar enérgicamente al disertante y tomar el micrófono y la palabra por la fuerza.
“Estimados educadores. Lamento haber oído las desdichadas palabras de este payaso, pero lamento aún más haber oído la ovación que le han dedicado. Supongo que ustedes no han entendido una sola palabra de esta perorata y por eso voy a ponerlos al corriente en diez segundos de lo que este pelafustán profirió en dos horas de discurso. Lo que este dijo es, en sentido metafórico pero no por eso menos preocupante, que debemos enseñarles a los nuestros niños que el fuego no quema, que por el contrario brinda una placentera sensación táctil. Incluso, y lo que es aún peor: desconocer maliciosamente nuestra responsabilidad luego de que estos se han quemado” . El público permaneció en silencio y Grimaldi fue detenido por las fuerzas del orden.
Como se verá, era en particular este punto, de la propagación de falsas ilusiones su verdadera preocupación. Argumentaba que de este modo era lógico y hasta sensato el caos propagado por el mundo: “Todos somos frustrados de alguna manera. Todos cargamos sobre nuestras espaldas el terrible peso de la muerte de nuestras ilusiones de niño”.
Por este motivo Grimaldi avocó su empeño al desarrollo de una obra sustancialmente antagonista a los cuentos infantiles vigentes confinando sus obras a un tomo titulado “Pequeñas ilusiones, grandes frustraciones” texto de lectura para tercer grado. La mencionada obra constaba de 14 cuentos, 10 poesías y 5 rondas infantiles. Todos los trabajos contenía un lenguaje relativamente accesible y eran sustanciales en desgracia. En el prólogo de la obra rezaba el autor “...me he dado a la verdad y quiera Dios que los pequeños frustrados de hoy sean los íntegros hombres del mañana”.
En este libro compilatorio, del que sólo se han hallado unos pocos cuentos el autor depositó todos los argumentos necesarios para hacer prevalecer su particular idea en la concepción del hombre venidero. Por este motivo, una asociación secreta de nombre y miembros desconocidos (algunos creen que era presidida por Adelmar Buitrago), a los que la voz popular ha dado en llamar Los Sapos, se encargaron en ardua labor de hacer desaparecer todo vestigio de la publicación, incluso comprando un sinnúmero de volúmenes sin reparar en gastos. De este modo Grimaldi estuvo en el tope de las lista de los autores más vendidos por doce semanas consecutivas cuando en realidad nunca nadie leyó su obra.
El volumen que llegó a mi poder lo hizo desde una fuente desconocida, por correo, en un sobre manila celosamente sellado. El maltrato de sus páginas evidenciaba que había sido rescatado del fuego de alguna de aquellas hogueras. Del mismo sólo he podido rescatar dos cuentos que transcribiré a continuación, otro que intuyo se trata de un fragmento titulado: “Inventario de los más gratos y significativos momentos que forjaron la felicidad que alcancé”; en el que el autor plasma cuatro en líneas:
1-El 12 de Mayo del año 48 encontré de modo inesperado un sol en el bolsillo de un pantalón que creí perdido. Me puse el pantalón y con la fortuna hallada me compré dos panes y un champús.
2-...
Además en el deteriorado volumen que llegó a mis manos hallé algunos fragmentos de poesías y parte del índice. Debo reconocer que otros títulos resultan por lo menos inquietantes, como lo son por ejemplo “No hay mal que dure cien años, pues seguro te mueres antes”, (cuento); “Las desventuras sin remedio del pequeño vendedor de toffes”, (Cuento); “Salta la soga y te olvidarás del hambre”, (Ronda infantil); “Los reyes magos son los padres” (Canción) y, finalmente, aquella que fuera a decir de los entendidos la más emblemática de sus obras, que narraba los infortunios de un niño olvidado por Santa Claus titulada “Papá Noel es un gordo de mierda”.
Sin embargo su perspectiva no era difícil de comprender. El mundo está siendo devastado por los hombres que alguna vez soñaron con las hadas y los príncipes encantados, entonces, planteando la inversa de este esquema, la temprana revelación de lo adverso podría devenir en armonía. Aseguraba además que si su teoría acerca de la inversión de exposiciones no resultaba finalmente en un mundo feliz, cuando menos sería un mundo lleno de excelsos artistas, dado que la más alta elevación del espíritu artístico es fruto de la desazón y la angustia.
He aquí algunas de sus narraciones:
Lucanor y la conciencia universal (Cuento)
Lucanor era un muchacho rudo, curtido por los golpes impartidos y también de los otros, recibidos a costa de profusos improperios y actitudes vandálicas. Ninguna situación impropia lo hallaba ajeno; bien como cómplice, bien como partícipe necesario, bien como cabecilla y mentor de desmanes. Poseía una extraordinaria capacidad para lo canallesco, sus elucubraciones para realizar desmanes sistemáticos dejaban entrever un razonamiento casi científico.
La magnitud de su conducta impropia era solo comparable con su sensibilidad artística. Magníficos dibujos surgían de su inmensa imaginación. Cuadernos completos cobijaban celosamente aquellas obras cosechadas a lo largo de sus escasos años. Como todo buen artista, el mundo entero desconocía su obra, y algunos, que sí la conocían, sospechaban no sin motivos que aquellos magníficos bosquejos no pertenecían realmente a Lucanor, sino que en uno de sus vandálicos actos se había apropiado indignamente de la obra de otro, cuyo nombre permanecería de ahora en más en el olvido.
El hecho de que el mundo descreyera de su capacidad lo tenía sin cuidado. Después de todo, muchos artistas permanecieron durante años, e incluso toda su vida, a la sombra del descrédito popular.
Cierto día Lucanor permanecía oculto en su rincón secreto, allí donde la musa lo visitaba en la quietud de la tarde para iluminar su puño y su carboncillo; con suma habilidad, el muchacho trazó en grises y negros el magnífico perfil de Alejandra, la mayor de las hijas del bodeguero, cobijado celosamente en su memoria de tardes y tardes de contemplarla secretamente. Como no podía ser de otra manera, y como siempre suele sucederle a los hombres duros de corazón noble, las mismísima Alejandra asomó su hermoso rostro por sobre el pequeño muro que cobijaba a Lucanor en busca de su gato Teófanes. La muchacha quedó en silencio, observó una y otra vez la maravillosa imagen en el papel que la representaba tal cual era pero con un halo místico, romántico, con el que los artistas suelen plasmar a sus amadas. Alejandra quitó la vista de la hoja, miró dulcemente a Lucanor, extendió su brazo y le acarició la mejilla. “Ay, Alejandra” pensó Lucanor “si supieras cuantas ganas tengo de tomar tu rostro entre mis manos y con lo ojos cerrados darte el beso de mis sueños...”.
Pero Lucanor sabía muy bien quién era. La observó a los ojos con ira fingida, destrozó el maravilloso dibujo y corrió, escapando de la inoportuna demostración de cariño, tomó una piedra, cruzó la calle y, ante los ojos del mundo destrozó el enorme ventanal de la zapatería. El barrio entero vociferó su nombre. Su madre, acostumbrada a este tipo de actitudes, abandonó su telenovela, salió a la calle y corrió a paso veloz hacia su hijo; lo tomó de los cabellos y comenzó a arrastrarlo. Pero algo desacostumbrado flotaba en la escena: ese día Lucanor no alegaba inocencia, ese día no pugnaba por su libertad ni por la injusticia ni trataba de escapar de las los dedos atenazados de su madre. Ese día Lucanor estaba orgulloso de ser culpable. Porque él sabe muy bien quién es y conoce su destino. Una vez más había hecho lo necesario para que el universo permanezca en equilibrio.
Palito el juguetón (Cuento)
Este cuento que hoy les cuento no es un cuento. No habla de había una vez ni de un país remoto y lejano; habla de hoy y de un sitio tan cercano que casi podemos oler sus calles. En este cuento que no es cuento los animales no hablan, simplemente miran a sus dueños con la ternura inocente de quienes viven sin preocupaciones. Y ahora sí, el cuento.
Hay en mi calle un niño de dulce mirar y contagiosa sonrisa. Su nombre es Pablo pero sus amigos lo llaman Palito. Algunos creen que el apodo es fruto de su notoria flacura; otros aseguran que aquel apodo se debe a que Pablo suele llevar siempre consigo un palito de algarrobo que alguna vez trajera de Sechura. Y los últimos, los más perspicaces, imaginan que se debe al diminutivo cariñoso de su nombre.
Palito es pequeño y alegre, sonríe y juega como todos los niños o más que muchos de ellos. De tanto en vez y al aparecer por el horizonte Lorena, la niñita de los ojos lindos, la mira con desprecio.
Palito tiene nueve años y va a la escuela por la mañana. Por la tarde divaga en sus juegos de niño, entre batallas y finales del mundo, entre contiendas de caballeros y policías que, siempre o casi siempre, atrapan a los ladrones. Los buenos siempre ganan.
Hay en mi calle un chico de dulce mirar y contagiosa sonrisa. Tiene un abuelo llamado Manuel, que una vez le enseñó que con un clavo y una tabla pueden crearse todo tipo de juguetes y máquinas capaces de cualquier cosa; tecnologías superiores eficaces para todo tipo de acciones: reparar automóviles, emular aviones y comunicarse con distantes galaxias. De tanto en vez se distrae de sus quehaceres de inventor para sonreírle tímidamente a Lorena, la vecinita de los ojos lindos.
Hay en mi calle un jovencito de profundo mirar y alegre sonrisa. Su nombre es Pablo y sus amigos le dicen Paul. Cursa la media por la mañana y en la tarde juega fútbol con los demás en el barrio. De vez en cuando alcanzo a verlo tomado de la mano con Lorena, la chica de los ojos lindos. Otras veces lo veo de la mano con alguna otra que jamás he visto y no creo volver a ver.
Hay en mi calle un muchacho de expresión adusta y cada vez más escasa sonrisa. Su nombre es Pablo. Casi todo el día está fuera de su casa. Intuyo que por su trabajo, su estudio, Lorena, u otra Lorena, yo no sé, lo mantienen ocupado. Ya no parecen preocuparle las batallas ni los caballeros, incluso parece haberse convencido que los ladrones son mucho más astutos que los policías, y son pocas las veces en que los buenos ganan. Descubrió que con un clavo y una tabla puede tener un arma temible; las máquinas parecen haber quedado en el olvido y las galaxias ser tan distantes como sus sueños de niño.
Había una vez en mi calle un niño que se hizo grande; dejó mi cuadra y se fue en busca de la felicidad. Intuyo que algún día lejos del idilio soñado, Don Pablo saldrá de puro aburrido a mirar por la ventana a los niños de su cuadra que aún cobijan esperanzas. Y él, secretamente, mientras observa recordará con melancólica nostalgia la niñez que ha perdido.
Quisiera (Poema)
Quisiera por un momento
Recuperar mi niñez.
Bailar sin son entre nubes
Sin culpas ni desdichas
Correr entre sedas
Detrás de mis sueños.
Quisiera ser mucho más
Que un flaco y cansado jornal
Quisiera ver mis galones
Blandir en orgullosa carrera
Cual un héroe de leyenda
Y ver a mis pies el león.
Quisiera ya no sentir
Frustraciones ni pudor.
Quisiera remontar mi cometa
Hasta el mismísimo sol
Quisiera hoy, a mis once años
Recuperar lo que jamás he tenido.
Como habrán observado, la obra de Grimaldi posee una exquisita cordura, aunque resulte un duro golpe contra los cánones establecidos de siglos de divulgación de delicadas pantomimas para los niños. Y qué mejor para cerrar este relato de carácter compilatorio acerca de Daniel Grimaldi que su propia explicación de la obra legada.
“El mundo es una vergüenza. Una escalofriante compilación de frustraciones. Si al menos un hombre hubiese sido feliz, realmente feliz en esta vida, no dudo que mi óptica conjetural estuviera basada sobre otros cimientos, e incluso tal vez, estaría en este momento componiendo una obra sobre hadas y príncipes encantados. Imagino que el Universo es una gran broma, dominado irremediablemente por timadores gatos con botas y horrendos sapos, que nunca serán príncipes, cuyo único anhelo es ser besados una y otra vez por bellas y distraídas niñas que deambulan los pantanos, en busca de algún príncipe que las lleve a palacio”.
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Texto agregado el 14-02-2006, y leído por 104
visitantes. (8 votos)
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Lectores Opinan |
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2006-02-26 19:35:46 |
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Hace poco, desenpolvando un armario encontre uno de los libros mas amados de mi niñez "Cuentos de Hadas". Recuerdo exactamente hasta ese dia de 1987 en el que lo lei por primera vez, y digo primera vez por q he leido incontables veces cada uno de los 15 cuentos, incluyendo hace unos dias, cuando nos volvimos a ver...
Despues de leer esto :
LA PRINCESA ENCANTADA
Un anciano rey enfermó de gravedad y ningún médico del país sabía curarle. Cuando todos habían perdido las esperanzas, un hada buena apareció a los tres príncipes y les dijo:
-Sólo el agua de la vida devolverá la salud a vuestro padre. La encontrareis muy lejos de aquí, al otro lado de las montañas nevadas.
Oído esto, el hermano mayor montó en su mejor caballo y partió en busca del agua de la vida. Después de atravesar las altas montañas nevadas, se encontró con un enano. Pero el príncipe despreció al enano y este le dijo: -Eres un necio, por ello te castigare.Y el príncipe se perdió en un frondoso bosque, del que no fue capaz de salir.
En vista de la tardanza del príncipe, el segundo hermano salió también en busca del agua de la vida. Después de atravesar las montañas nevadas, se encontró con el enano, al que también despreció. Por su arrogancia corrió la misma suerte que su hermano mayor y se perdió en el bosque.
Pocos días después, y en vista de que sus hermanos no regresaban con e agua de la vida, el mas pequeño salió en su busca. El enano el salió al encuentro: -¿Qué buscas por estas tierras?- le preguntó.
-El agua de la vida. Mi padre está muy enfermo, si no la encuentro pronto el morirá.
Y como el enano no se sintió despreciado le indicó un camino que debería seguir.
-Al final de este camino hay un castillo encantado, defendido por cien leones. Ellos al verte se arrojaran sobre ti; pero no temas, sólo échales u poco de pan. En el interior del castillo encontrarás lo que buscas.
El príncipe dio las gracias al enano y continuo por aquel camino, llegando en efecto al castillo. Los leones que lo defendían se aplacaron cuando este les echo un pedazo de pan. En el interior descubrió a una hermosa princesa que le dijo:
-Gracias a ti estoy salvada. Era victima de un conjuro horrible. Puedes tomar toda el agua de la vida que mana de l fuente del jardín, y regresa dentro de un año por mí. Sólo entonces podré acompañarte.
El joven príncipe había quedado prendado de aquella joven, a mas hermosa y bella que jamás había visto, por eso cuando se marchó le prometió que pasado un año, volvería a buscarla con la intención de casarse con ella.
De regreso a casa volvió a encontrarse con el enano, al que de nuevo le agradeció su amabilidad. Este, conmovido por el buen corazón del joven príncipe, le entregó una pan con una espada.
-Con el pan-le dijo-podrás alimentar a pueblos hambrientos, con la espada puedes derrotar a ejércitos enteros
-¡Gracias!-dijo el príncipe-.Pero me gustaría pedirte un último favor: perdona a mis dos hermanos.
El enano accedió a sus deseos y los tres príncipes regresaron juntos al castillo.
Durante el viaje de vuelta, el más joven dio de comer a varios pueblos que padecían hambre, por lo que fue muy aclamado por las gentes. También derroto a tres ejércitos que pretendían apoderarse del país, por lo que fue condecorado y aclamado. Su fama despertó la envidia en sus hermanos, quienes, aprovechando un descuido, le cambiaron el agua de la vida por agua de mar.
Y llegaron a su castillo, donde su padre se encontraba ya a puertas de la muerte. El príncipe más joven le dio de beber lo que el pensaba era el agua de la vida. Pero como era agua de mar, el rey empeoro. Entonces los otros dos hermanos le dieron de beber el agua de la vida, y el rey sano al momento. Entonces el rey se enfado con su hijo pequeño, pensando que le haba engañado, y el deterjo del país.
Y en el destierro el joven príncipe paso un año entero, al cabo del cual decidió ir a buscar a la princesa encantada, pues e plazo que ella había dado ya se cumplía. Como los dos hermanos mayores conocían también la historia de la princesa encantada, se pusieron en camino con la idea de llegar antes que su hermano y casarse con ella.
Pero la princesa había mandado empedrar la entrada del palacio con oro, dando una orden a sus pajes:
-Solo dejad pasar a aquel que pise por encima del oro sin miedo a estropearlo.
Cuando llegaron los hermanos mayores y vieron el oro, se bajaron del caballo y dieron un rodeo para no pisarlo, por lo que los pajes no les dejaron entrar. Sin embargo, cuando llego el menor, como solo pensaba en volver a ver a la princesa, no reparo en el oro, y su caballo lo pisoteo. Los pajes le llevaron junto a la princesa.
Con ella regresó a su castillo, donde su padre el rey, se había enterado de todo lo sucedido y el esperaba con ansiedad para pedirle perdón. Y como el joven príncipe también perdonó a sus hermanos, todos fueron felices.
Pensé: Cómo es posible que haya gente que escriba estas cosas, no le puedes vender mundos magicos a la niñez, o tal ve mi error y el de muchos es creer que podría ser asi realmente, esa es la diferencia que hay entre un niño que hoy ve harry potter y yo en el 87 con mi libro de cuentos amarillo.
Es mas, debo confesar, que hasta ahora (y a pesar de todos los golpes que el mundo real me ha dado) creo que tal vez las cosas puedan ser como en en estos cuentos.
Por mas contradictorio que parezca, soy demasiado idealistam aunque trato de disimularlo...
Y si no, siempre puedo escribir algo donde yo sea la princesa encantada u otras cosas claro que no esperaria un año por un principe...
Dammar |
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2006-02-25 14:52:04 |
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¡Tremendo descubrimiento el de este personaje con una personalidad interesante!
Gracias por el relato!
¡Saludos! compa |
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2006-02-21 16:09:46 |
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Interesante perspectiva.
Saludos.
mi longuera-regiomontana |
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2006-02-20 16:34:20 |
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Un atractivo paseo por una realidad irrefutable. Muy bien! calelo |
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2006-02-17 02:32:19 |
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muy interesante, sobre todo desde mi punto de vista, no soy una niña, no soy una adulta, tengo 13 años, y recien mis ojos se habren a la realidad, hace un año un poco mas, que me estoy dando cuenta de todo lo que planta grimaldi, y es que todos terminaremos siendo un don pablo, aun que no lo queramos, muy buen escrito, critica tb mis textos sapita |
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