Yo:
Yo y las cosas de vos, de vos que siempre rondan en la cabeza.
Yo y el quijote empedernido que niega necesitar ayuda.
Vos y ese maldito olor de hombre detrás de la nunca, que no se quita de nariz y boca.
Poco o nada sirven concejos de pobres o ricos, viejos, jóvenes, hermosos o desastrosos, si en la tiniebla te miro y en el amanecer sin vos te extraño.
Ando por ahí, con la rienda suelta de yegua en celo, de potranca lista para la simiente.
Como el canto dice, Eva cazando en celo, pero no cualquiera, sino el esperma urgente del moreno con el aroma a las aguas de espejillos en la nuca, con la respuesta tonta de un quizá, de un amor de cuento, de una casa redondita donde se conjugan ideales, supersticiones y ganas de cambiar estructuras, pelear y discutir paradigmas y las mas absurdas cosas que se resumen en un te amo... que se pierde en el viento y apenas acaricia, ya desaparece.
Yo y las cosas de vos, las canciones pretendidas sólo tuyas y del universo entero.
Yo y la música mía que pretendes habérmela mostrado y enseñado, como abuelo a nieto ingenuo de la vida, cuando la música mía, dentro mío, estaba aturdiéndote en los oídos y no la escuchaste por escucharte vos solito y sí, sí que la música es mía porque la conocí antes que a vos y fue mía porque lo quise no porque me la enseñaste y la compartimos, pero también no la compartimos porque callaste escuchándote a vos y tu ego.
Y no cuentas la otra canción mía, la de mujer comprometida, mujer viéndote partir, viéndote llegar.
La canción hecha mía, dentro mío, para vos, canción nacida en el alma, marcada en el cuerpo, cantada en el vientre, hecha eco entre las piernas, canción azul, del mas inmenso azul de quien puedas imaginar entre anocheceres y amaneceres contigo y sin vos, del color que se le ocurre a mi olfato, del olor de mis colores y del sabor de mis oídos.
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