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Inicio / Cuenteros Locales / nito / tu

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Que te busco, que te encuentro, que te derramas por la cuenca de mi mano.

Anoche te vi, te vi entrando por la puerta y no dijiste nada, te vi escapando por los corredores y callaste un no se que.

Por la mañana desperté y estabas desnuda, tendida bajo las escaleras, con el cuerpo hecho pedazos tanto rondar por el mundo, tanto buscar y no encontrar.

Tu cuerpo hermoso, bajo la tenue túnica que apenas cubre tus hermosos senos y tus contorneadas piernas, tus glúteos bien formados, formaba una armonía de deliciosa melodía, que no correspondía con el abatido rostro que en esos momentos llegué a vislumbrar bajo el manto de tus enmarañados cabellos.

Me miraste con ojos de ayer, y con un presente que duele, lastima y lacera el alma, resbalando cada instante esa lágrima, pequeña gota de vida y dolor, de amor y desesperación, de grito ahogado, de vejes en plena juventud, de madurez cansada, cristalina gota que se hace perla antes de caer y pertenecer al infinito.

Tu rostro hermoso, madurado a puro llanto, rostro joven envejecido en el dolor, rostro y cuerpo deseable a mas no dar, de lujuria hasta el pecado, purificado en el deseo secreto de quien te ve, quiere conocerte pero es demasiado tarde para ambos; rostro y cuerpo admirados por hombre y por mujer, por la calle y por los campos, rostro y cuerpo sin la esperanza del ayer, del hoy y menos del mañana.

Así, así te me apareciste un día y nunca te dije lo que vi (me vi), reflejándome en la lisa y clara planicie enmarcada de vos espejo... y calle, calle por no lanzar un grito, calle por no escapar, salir corriendo viéndome perdida en el marco del espejo, viendo mis mejores años marchitados.

Romperte fue un impulso que la cobardía refreno, romperte, espejo, pero ¿cómo?, rompiendo el lazo que me une a la vida, que vida, hasta ese entonces perdida en tantas vidas que no eran mías ni me pertenecían.

El silencio, único amigo y enemigo mío hasta ese entonces, hablo solo por inercia, pero hablo, que dijo, no lo se, pero su elocuencia fue mayor que la tormenta que caía desgarrando pedazos de cielo y con ellos, pedacitos de sueños escondidos en cada resquicio del laberinto llamado hogar (sólo por mi).

Que decir tenía mucho ese silencio, mas sólo recuerdo que me perdí en él, que seguro me invitaba para ser uno los dos, ambos, solos, silenciosos, caminando ese laberinto hogar, de puntitas para no hacer ruido, para no molestar y así fantasear que poco a poco, ambos, fundiéndonos cada vez mas, ya sin saber quien era quien, empezar a desaparecer...

Tja. No se que fecha.

Texto agregado el 26-11-2003, y leído por 147 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2004-07-16 23:42:01 ufff hay que estudiarte--- ruben sendero
2003-12-02 17:40:57 Tu prosa es interesante, me alegra haberte encontrado, te visitaré a menudo. Saludos. meci
 
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