Y aquí estoy de pie en un tablero de ajedrez...
Mi destino es morir en este campo de batalla pero nadie llorará por mí, nadie me recordará, después de mi caída solo seré una pieza más que fue derribada.
Mirando de derecha a izquierda encuentro los rostros valerosos de mis aliados que; hombro con hombro se disponen a luchar a muerte en defensa de nuestro reino. Nuestra misión es resguardar al rey a cualquier costo.
Soy el alfil negro situado al lado de la reina, he jurado lealtad al rey, pero es inevitable amar a mi reina, como inevitable pensar que el rey es un inservible, se mueve pausada y temblorosamente mientras que yo poseo una agilidad sorprendente, el se oculta con temor mientras que yo derramo sangre de nuestros enemigos asesinando en su nombre, solo la reina posee más fuerza que yo, ella es tan poderosa que tiemblo de pasión ante su poder. De hecho la reina nunca ha llorado, esto muestra su gran fuerza, daría mi vida por ella, cosa que el rey nunca hará, aunque se supone que la ama…
¡Maldición!, ha llegado el momento de morir, y de matar pues el batallón enemigo se han situado justo frente a nosotros. Mientras tanto observo los ojos desafiantes de mi reina, ellos me llenan de poder y gloria, mi sangre vertida en este campo de batalla será secretamente en su nombre, será una ofrenda para el amor que le profeso.
Se oye desde los cielos una voz estridente que dice: "Mueve", esa voz me produce escalofríos y una sensación de inseguridad indescriptible. No sé quien habrá dicho esas palabras cargadas con tanta seguridad y altanería, tal vez sea la voz de aquel dios venerado por el reino enemigo ya que luego de su mandato, las tropas enemigas se dirigen hacia nosotros con férrea disposición a derrotarnos.
Los gritos de dolor no se han hecho esperar, ráfagas de sangre a diestra y siniestra forman una orquesta con los gritos de dolor de futuros vencedores y vencidos. Todo ha ocurrido tan rápido que no recuerdo el número de mis victimas
Varios aliados han caído en el campo de batalla, nuestras fuerzas han sido reducidas en cuestión de minutos, mi rey permanece oculto entre dos torres imponentes mientras que nuestra reina no se cansa de derramar sangre mientras grita ¡Mueran! fuerte y furiosamente ¡Mueran! La reina ataca despiadadamente con una pasión desenfrenada que contagia mi alma. ¡Estamos perdiendo la batalla! Y mi reina grita y asesina…
La majestuosidad de mi señora la reina es absoluta e imperial, ella se desliza a su antojo sobre el campo de batalla. Asesinando oponentes con una psicótica ansiedad.
OH! amada reina mía, si supieras cuanto te amo. Te amo en secreto, tienes la palabra ¡Victoria! grabada en la frente. Esa forma voraz con que atacas por defender a tu rey es envidiable. Reina mía, rogaré a dios desposarte en otra vida, te amo… lástima que nunca sabrás cuanto.
¡Ah! ¡Maldición! El alfil enemigo me atravesó con su ataque sorpresivo, su destello de sadismo fue realmente rápido... Mi cuerpo se dirige lento... muy lento hacia el suelo ensangrentado, mi reina al verme desplomándome poco a poco ensangrentado y casi sin aliento lloró, en un susurro me dijo te amo. Alcancé a ver a mi reina cobrando venganza inmediatamente, asesinando al alfil enemigo, saciando su furia a la velocidad del rayo.
Lo último que oí en vida fue de mi reina: ¡Mueran! Antes con furia y sadismo ¡Mueran! Ahora con tristeza y lagrimas ¡Mueran! ¡Mueran!
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