Ayer me enfermé. Algo raro en mí. Decidí quedarme en cama, soñando. Destruí todo aquello que pudiese interrumpir mi descanso.
Esa noche tuve fiebre. Soñé con casquetes polares y auroras boreales interminables. Icebergs psicodélicos y una marea que me obligaba a aferrarme fuertemente a mi iceberg para no caer al mar tornasol.
Desperté. La fiebre había desaparecido.
Salí a la calle, quería ver a mis amigos. En el camino, una chica darky me pidió fuego para encender un cigarrillo.
Yo no fumo, dije. No importa, sólo quería acercarme y charlar contigo, respondió.
Sonreí. Contemplé mejor su cabello negro y lacio y su piel tan blanca, sus facciones tan finas y sus ojos grices...
Mi mano tocó su piel y sus cabellos. Todavía recuerdo su agudo grito y su rostro desfigurado por el dolor y el terror...
Me impresionó al principio, pero ver como se inceneraba me llenó de un curioso placer.
Tomé un poco de sus cenizas, humeantes aun, y las guardé en mi bolsillo derecho.
Me alejé del lugar, mis huellas dejaban una estela de flamas largas y verdosas. |