Nunca le fascinaron los payasos. Los chicos, sobre todo los más chicos y revoltosos, nunca tuvieron su bendición.
Aquella tarde salió, con la cara pintada, la ropa grande, globos en las manos, el pelo de colores y una gran sonrisa en los labios.
Corrió por horas, y entretuvo a los más chicos y revoltosos.
- Como lo hubiera hecho el Edu - pensó él.
- Como lo hizo hoy, en vos, el Edu - pensó alguien más |