Solo,
a la espera de la noche;
confundido por las estrellas
que cambiaron de lugar mientras dormía,
te busco desde siempre,
medio alucinado por la sencillez del poeta
que habitó alguna vez en mí.
Por una razón en la oscuridad del día,
guerras se han librado.
Ya no hay flores en el jardín de los sueños;
fueron arrancadas por el temporal de la noche.
Libres los pájaros de la memoria
sueltan ahora sus vuelos
en el viento del olvido.
La espera es un sinsentido que
otorga a los soñadores poco tiempo
para llegar a la muerte.
Ya no hay noticias que alegren el alma
desde que olvide tu rostro en el retrato.
El encuentro es una quimera inolvidable
como el mar que nos llama
al origen de todo principio,
a la cuna de toda vida sobre la tierra.
Me alejo de la verdad y del último rasgo de demencia en mí.
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