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Fotografía Ella volteó y allí estaba él que no se había dado cuenta de nada. La sangre le daba vueltas por el pecho y la garganta. Es cierto, no sentía su pecho y poco a poco dejó de sentir todo. Ella, siempre sobria, elegante, inexpresiva porque la vida era una mierda y uno no debe sentir. Él amoratado por un destino salpicado de sangre. Ya casi no podía moverse pero mantenía fija la mirada en ella. Ella que nunca había llorado, ella, ni siquiera en el morir de la noche, ella dejó caer una lágrima. Una lágrima que paseo por su rostro, llegó hasta el suelo y dirigió sus pasos como un breve río hasta su origen. Él, estaba por morir pero había conocido aunque sea por un instante el amor. Aquel amor que nunca le habían ofrecido. Cerró los ojos y al fin pudo decir adiós con un espasmo de sonrisa mientras batía sus alas por última vez. Ella corrió hasta donde estaba él. No le importó la sangre. No le importó mancharse la ropa o dilatar el corazón. Lo tomó entre sus manos. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |