Era un niño inteligente cuando lo iniciaron en el arte de la acupuntura.
Durante sus años de preparación tuvo los mejores maestros, conoció todos los secretos; fue uno de los cinco elegidos que pudieron practicar con agujas de oro en la figura de bronce de Wang Wei –i sobre los siete puntos cardinales del cuerpo humano. Es el único que sabe aprovechar las bondades de la planta Moxa para hacer recobrar fuerzas a los guerreros heridos en la batalla.
Por eso, cuando su amada mujer falleció de pulmonía, supo resucitarla encajándole cien mil agujas en todo el cuerpo. Con ayuda de la trepanación metió en su cerebro un concentrado de Moxa, la planta que todo lo puede.
Ahora está viva, a su lado, se aman y sabe que llegará a viejo acompañado de su Lyn Mae.
El único inconveniente es que si le saca las agujas del cuerpo, muere.
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