La trampa
Cuando tomó la vieja escopeta 16 había resuelto acabar con aquella pesadilla.
Cruzó el pequeño jardín que le separaba del garaje y de un salto se encaramó a la cerca, desde allí, atisbó una y otra vez al jardín del vecino; pasado un breve tiempo apareció la señora López. En la mano derecha un cubo con ropa mojada, en la izquierda pinzas para sujetar la ropa. Cuando miró hacia la cerca se topó con los ojos del vecino y un enorme cañón dirigido hacia ella, mientras soltaba cubo y pinzas escuchó un terrible tronido, después su rostro se llenó de luz y de sangre.
Mientras le esposaban sin entender la razón, alegaba tercamente que por fin el diablo había desaparecido.
Esa noche, mientras el dormía en la cárcel y la señora López reposaba en la frialdad de la morgue; su mujer, y su vecino, el señor López, celebraban secretamente su triunfo mientras se entregaban al amor.
|