Su voz asomaba mi tejado en días nublados resbalaba por la chimenea siempre traía un regalo su voz era invisible (como todas las voces) pero proyectaba sombra era única me arrancaba un saludo en las mañanas y un beso por las noches.
Texto agregado el 06-03-2006, y leído por 17 visitantes. (1 voto)