Para Fernando Paredes, mi marido borracho
Yo andaba con el calzoncito rosado tipo cachetero y poco escotado. No me gusta, bien sabés. Pero tenés unas manías extrañas. Me acuerdo de la vez del cabello a lo años 40’s (mierda de cuenta de salón). También estuvo el corsé (qué dolor de cintura). Y la vez fantástica, la de la máscara inca (nunca entendí si vos sos mexicano, porqué no querías una maya). Tanto látigo, la bata blanca de hospital, el plumero de sirvienta, las esposas, las sogas, el chocolate, la cerveza omnipresente, la mota imprescindible, el piso, el baño, la lavadora, detrás de la cama, las sabanas rojas, los cachitos y vos con tenedor diabólico, las alitas y vos de gabriel (sos un hereje pero estuvo peor el día de la sotana)…. hasta el día que te vestiste de osama.
Pero te ponés sencillo, de vez en cuando. Y pedís el calzoncito rosado.
Te ves hasta tierno.
Y en esos momentos me olvido de quién soy porque me dejás sin disfraz. |