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Inicio / Cuenteros Locales / semanticon / Linea \"A\"

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Línea “A”

Cualquier palabra habría estado de mas, el menor de los gestos habría interrumpido y desintegrado la esencia de aquella profunda mirada en la que se fundieron.
Eran tan perfectamente desconocidos, y aún así ambos adivinaban en el otro señales desesperadas que surgían desde el interior de las murallas.
Sabían que el subterráneo limita las posibilidades de comunicación a unas cuantas estaciones, pero hoy ya no importaba.
Desaparecieron los destinos, y los futuros inmediatos se fusionaban en un solo e irreducible instante, en una sola palabra, alineada con las desconocidas dimensiones musicales que abren al alma desde adentro, una palabra que halla significado en si misma, “encuentro”. Absoluto, pleno, sin aristas, insobornable encuentro de dos almas que parecían haberse buscado durante toda una vida y a las que ahora, la sorpresa, pareció haberlas enmudecido.
Solo se miraron, durante una eternidad tan breve como todas las eternidades que valen un poco la pena.
Ella tomó con cierta resignación un bolso marrón que llevaba en su falda y lo aseguró contra su pecho, atravesó la tira del hombro, juntó las piernas y se tomó de la ventanilla, todo indicaba su inminente partida, todas las señales apuntaban al descenso casi adventicio de aquel medio expeditivo de transporte. Sus latidos jugaban al desorden, y no se decidía entre vivir un momento de plenitud y pasión, o quemar sus labios en la hoguera de los besos deseados y ausentes, de esos que todos sabemos.
Nada habría para perder, pero aún así, ninguno daría el primer paso. La pregunta lógica sería: El primer paso ¿hacia donde?.
En principio el primer paso siempre nos lleva al otro, lo impredecible es el segundo paso, que tal vez los conduzca por las sendas desenfrenadas de la pasión repentina, a la lujuria enloquecida de una noche sin conciencia, a la cama que los encontraría desnudos en cuerpo y alma, desnudos y desilusionados. Tal vez el segundo paso los lleve a un bar, en el que se descubran miserables, tal vez al amor sincero o al suicidio, o a quien sabe donde.
Para él, la felicidad consistía en tener conocimiento de la existencia de una mirada semejante; ella era feliz alimentando el fuego de esa mirada.
Lo previsto. Ella bajó del subterráneo, y él parecía atornillado al asiento.
El alma del joven, corrió tras ella hasta perderla en el cuarto molinete. Mientras que el alma de la dama, se quedó junto a él. Y así se desencontraron nuevamente.
Hay un sueño de amor aún vagando por los andenes de la estación Castro Barros, y un desconsuelo de pena mal curada, ha sido condenado a un eterno viaje en el tercer asiento del segundo vagón, desde Primera Junta hasta Plaza de Mayo, parando en todas, incluso en Castro Barros.

Texto agregado el 12-03-2006, y leído por 42 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2007-10-06 04:43:21 Historias furtivas que nacen y mueren en minutos, que nos llenan de sueños breves y fugaces en los que corre la ilusiónde manera espontanea.Bello relato adriana73
2006-05-22 03:16:50 llegué por recomendación acá..y me sorprendió este escrito...muy bueno Me sigiere a un tipo que está muriendo y las imagenes pasan veloces por su mente. mis estrellas para ti trotskki
2006-05-22 02:38:33 ...Y como los vientos corre,vaga y gira, te encontraràs con la mirada del alma, magia en tus palabras, te dejo mis infinitas ********************... cafayate
 
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