Ya los héroes se dieron por vencidos, y los secuenciadores se detuvieron. A estas horas, las brujas son finas jóvenes con voz clara y labios prometedores, el silencio es aún mas grande que la mismísima noche, tanto, que la contiene. A esta hora, solo la síncopa atonal de mis latidos acompaña a la zozobra. A estas horas, el rocío se precipita en los adoquinados y sobre el enfermo verde del Parque Rivadavia. Esta es la hora en la que el ave nocturna de las ausencias hace nido bajo mi alma, empollando allí nuevas ausencias, tal vez mas pequeñas, pero previsiblemente pesadas.
Sumido en la mas íntima soledad, derribo al ídolo que he creado, no oponiendo resistencia al llanto deliberado. A esta hora, que ya no es hora de andar mirando la hora, es la hora que me encuentra entre libros y dolores, entre rutas y caminos, entre llanos y precipicios, entre el sueño y la vigilia, en el lugar donde nunca nadie estuvo, allí donde mi corazón te esperará por siempre.
|