Patito mojado y el clan gatuno.
En su largo camino Patito mojado pasó algunos años junto al gato Pocho Domínguez, que lo encontró una tarde en una pequeña caja de cartón en la vereda de una calle capitalina.
Era sencillo encariñarse con el pequeño y a pesar de ser un patito lo educó a la usanza gatuna, claro que tuvo muchos contratiempos ya que le era dificultoso seguir los pasos del felino por los tejados. Vivían en una casa abandonada, felices, Patito le contaba historias de su vida y le hablaba de sus amigos que extrañaba.
Una mañana de invierno Patito salió a investigar de quien era ese llanto desconsolado. Cuando se acercó, observó una bolita de pelo negro acurrucado en el fondo de una cajita vieja y húmeda, le habló despacito para no asustar al animalillo:
- Hola, soy Patito Mojado, ¿tu quién eres y por qué lloras?
- ¡Sniff!, Hola soy Michingo Palavicino, no tengo consuelo, me he quedado solo en esta vida, se han llevado al último de mis hermanos- dijo lamentándose el gatito.
- Cuánto lo siento, no obstante no estás solo, ven entra a la casa que te explicaré a que me refiero- dijo patito.
Entraron a la morada, Patito Mojado presentó al nuevo integrante. Su historia pasó a ser parte ahora del resto de la casa. Cómo fue separado del seno materno inclusive de sus hermanos, de cómo el humano sin miramientos destrozaba la vida de los que no podían expresarse como ellos. Patito para sus adentros meditó en cuan solos que se encontraban, en la maldad que rodeaba al mundo. Los meses pasaban y la vida transcurría tranquila, sin mayores contratiempos. Aprendieron lo que significaba la camaradería, de que la unión hace a la fuerza, sin importar lo distintos que podían llegar a ser unos con otros.
Una noche fría como pocas, los tres integrantes despertaron al unísono en la oscuridad de la noche, al escuchar el fragor que provenía de alguna habitación de la vivienda abandonada. El ruido se convirtió en un gemido de dolor, asustados creyeron que era alguien que pretendía importunarlos. Patito decidió ir a investigar, con cierto temor, pero resuelta. Al llegar a la vieja cocina se encontró con la visión más asombrosa de su corta existencia jamás presenciada. Contempló como la vida se abría camino, uno, dos... seis gatitos llegando a una sociedad llena de maldad, soledad y tristeza. Con los ojillos henchidos de lágrimas Patito quedó hipnotizada ante la grandeza de la naturaleza y desvió a las estrellas, sus sueños, suspirando.
Al día siguiente se acercó despacio y saludó a la señora gata y sus hijitos.
- Buenos días señora gata, me llamo Patito Mojado, le traigo un poco de alimento y agua para usted. – Dijo temerosa.
- Gracias, linda, me llamo Misha Karpovna y estos son mis hijos- agregó mientras acicalaba a su descendencia a la manera gatuna.
- Lo sé, anoche estuve observando impotente su dolor- agregó ruborizada.
- ¿Sí?, no obstante quiero que sepas algo, es el dolor más hermoso y maravilloso que existe, no debes temer, algún día tu también pasarás por ello, y lo aceptarás de mayor agrado.
Misha relató el porqué de su estadía inesperada en la casa, de su huida, de cómo el hombre que ella tenía como dueño pretendía deshacerse de sus hijos. Patito imaginó a sus padres preocupados como aquella gata, cuidando de que no le sucediese nada, le hubiese gustado mucho que fuesen como ella, tan mimosa y bella, un lagrimilla se escondió entre su plumaje, algún día ella estaría en el lugar de la gata, junto a su amado. Así fue como se armó el clan gatuno, todos hermanados ante una tragedia que cada uno tuvo que afrontar, Patito aprendió mucho sobre el valor de la amistad sin fronteras, del amor desinteresado y la humildad, cosas importantes que uno debe llevar consigo sin que pesen.
Una mañana cuando el sol apenas asomaba su rostro, Patito se despidió, debía seguir su camino, era importante encontrar la felicidad, y no tenía dudas que la hallaría; quizás llevaría tiempo pero debería encontrarla, en su carterita colocó la sonrisa de sus amigos y junto a las enseñanzas de su amigo ratón González, las advertencias del ratón Pérez y de su amiga la coneja Martita, en un ademán de su ala, saludó a todos, y se marchó sin mirar atrás, para que no la viesen llorar, le hicieron jurar que algún día volviera a visitarlos, y así prometió nuestra amiga Patito.
A lo lejos un horizonte nuevo, le deparaba nuevas aventuras. La intriga de que si el mañana fuese antes de lo que Patito Mojado podría esperar.
Moraleja: Cuantas veces medimos la amistad por lo que poseemos, sin detenernos a pensar que el que posee las cosas más básicas como la humildad, abnegación y compañerismo son más importantes que lo que uno tiene para ofrecer.
Patricia Carina ®©2003
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