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Inicio / Cuenteros Locales / patito_mojado / patito mojado y el circo

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Patito mojado y el circo.

Cierto día patito paseando por la ribera en un atardecer mas, se tropieza con un circo; azorada se acerca a la carpa principal, viendo allí un sin fin de personas y personajes, animales por doquier, todos trabajando ordenadamente, salvo un payaso que sentado sobre un balde vacío cavilaba tristemente. Patito se acercó a él temerosa, pero decidida.
- Buenos días, señor payaso, me llamo patito... – prosiguió aún temerosa de que el payaso pueda ahuyentarla – ¿por qué está triste? –
- Hola, gracias por preguntar patito, no temas, ven siéntate un rato.
Patito se sentó con más confianza a su lado y escuchó atentamente el relato del payaso. La vida no había sido muy fácil para él. El dolor lo había marcado sobremanera, pero sentía la necesidad de afecto, aunque no cualquier afecto, él buscaba el amor puro, sincero, sano. Algo difícil de conseguir por esos días, hasta patito había coincidido con él en tal pensamiento, aún así el payaso no perdía las esperanzas.
- Dime, patito, ¿por qué andas sola por estas tierras?
- Yo busco también ese amor señor payaso, que un día lo encontré y que me dejó ir para no lastimarme, ahora lo busco no con desespero sino con paciencia, perseverancia y un toque de esperanza.- el pato miró al horizonte como si en él encontrara la respuesta.
- Jajajajajajaja, patito, - rió el payaso con ganas, viendo la carita de ojillos redondos que lo miraban con curiosidad y con una inocencia pocas veces vista- ¡Qué pato más dulce, como puede ser que el amor te haya lastimado! ¡Eso jamás! Querida patito, el que ama no lastima, al contrario, protege. Debes entender que el amor no es dolor, es un sentimiento tan puro que ni los humanos sabemos bien de que se trata, no es cuestión tampoco de entender sino de sentir, haber pequeña cuéntame tu historia.
Así fue como patito le relató sus aventuras por esta tierra, las experiencias de la vida y las tristezas que llevaba consigo. Hubo un largo silencio al caer la tarde, el pato cabeceaba de cansancio, así que el payaso la invitó a dormir en el circo. Patito accedió ya que no tenía ningún lugar donde albergar. A la mañana siguiente, todo volvía al ritmo vertiginoso del día anterior, era imprescindibles los ensayos para la función diaria.
- Patito, buenos días, he pensado mucho esta noche, te propongo algo, espero que aceptes. – El payaso miraba atentamente la reacción del pato.
- Dígame, señor payaso.- patito no entendía muy bien, estaba intrigada.
- Me gustaría mucho que te quedaras aquí, quizás no tengas que buscar si ambos buscamos lo mismo, podrías quedarte, hacerme compañía, acá aprenderías muchas cosas, hay patos también con los que podrás charlar. No te va a faltar nada, todo te lo daré, solo hazme compañía y enséñame tu filosofía.- el payaso no decía toda la verdad, la sinceridad del pato lo había cautivado, su sonrisa y como se expresaba. Sabía que solo era cuestión de tiempo y el pato se iría y no la volvería a ver nunca más.
- Señor payaso, yo... no puedo, el amor que busco está en otro lado, usted no comprende, me gustaría mucho quedarme por un tiempo para aprender, pero no me pida que deje de buscarlo, no quiero. Como usted dijo ayer, si me dejó ir era para protegerme, entonces el amor que busco ahora deberá estar esperándome. Pero si para usted es importante que yo me quede un tiempo lo haré.
- Me conformo que por un tiempo te quedes. Verás que después querrás quedarte.
El tiempo transcurría y la gente del circo adoraba al pato, pero quien realmente la protegía era el payaso, que siempre estaba pendiente de cualquier detalle. “Duerme bien mi patito hermoso” decía todas las noches el payaso “ ojalá nunca quieras irte de mi lado” pensaba con tristeza. Eran muy buenos amigos, reían siempre, el pato aprendió las acrobacias y siempre charlaban hasta el anochecer. A la madrugada patito se levantaba y miraba el horizonte añorando su búsqueda, recordando su amor lejano. Ya había aprendido lo necesario, era hora de partir, como decirlo, como hacer comprender, necesitaba irse, se sentía prisionera sin estarlo.
Una tarde fría de invierno patito soltó la amarga noticia.
- Señor payaso, sé que usted me pidió hace tiempo ya, que me quedara para hacerle compañía, creo que le tiempo finalizó, tengo que seguir mi búsqueda. A lo mejor tuvo esperanzas de que en algún momento yo cambiara de opinión, pero siempre le dije la verdad, lo que pretendo decirle es que no me tenga rencor por la decisión que tomo.
- Entiendo mi patito hermoso, pero no lo acepto, moriré un poco cada instante que no te vea a mi lado, he llegado a quererte de una manera extraordinaria, porque te lo mereces, y no podría enojarme jamás contigo por el solo echo de no hacerme daño alguno, aún así guardo esperanzas, me costará recuperarme de este dolor, mucho más, por que en el no hay traición sino pérdida.- dijo el payaso agarrando al patito entre sus brazos y abrazándola con fuerza, queriendo transmitir sus sentimientos, cuando por fin largo un llanto amargo y doloroso.
El pato también lloró, porque lo quería mucho al payaso, pero no sentía ese amor que pretendía el payaso, sino un afecto de hermandad, se sintió culpable y lloró, un extraño calor brotó del pato y en brazos del payaso el pato se convirtió en mujer, una mujer que desmayada de la emoción descansaba en brazos del payaso triste. Asombrado, la observó con detenimiento, la recostó en la cama y se quedó viéndola toda la noche, la mujer balbuceaba palabras ininteligibles de las cuales solo distinguió que llamaba a su amor, la miraba y lloraba en silencio, era una hermosa mujer, al amanecer el payaso vio que su pato volvía a ser el mismo animalito, se sintió privilegiado por ver como era realmente su pato, sabía que debía dejarla ir, a su lado jamás sería feliz como mujer, tal vez si como pato, era su pato encantado, la ambivalencia no lo dejaba diferenciar. La razón pudo más. Ninguno de los dos comprendió bien realmente por qué había sucedido pero el sentimiento era casi tan fuerte como el que sentía por el hombre que siempre quiso y nunca pudo olvidar, patito aún no comprendía bien las clases de amor que existían , si sabia que su amor verdadero estaba lejos y su corazón la llevaba a él.
A la mañana siguiente el pato no recordaba nada, solo que debía partir. Jamás el payaso mencionó lo que presenció aquella, noche. Solo hizo prometer al pato que si no encontraba a su amor que volviera que en el circo estarían esperando al patito. Con lágrimas en los ojos el pato amarró su bolsa a un palito y se fue en búsqueda de su amor que la estaba esperando.

Moraleja: “ nunca sabrás cuando el amor se te cruza por el camino, pero no lo confundas, que te puede lastimar la confusión”.


Patricia Carina ®©2004


Texto agregado el 20-03-2006, y leído por 1 visitantes. (0 votos)


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