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Inicio / Cuenteros Locales / ulpiano_carpe / Ella no quería que llorara

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Ella no quería que llorara

Una mujer compartió conmigo sus tres meses. Aprovechábamos de arrancarnos. Algún paraje cerca del mar o algún recóndito y majestuoso campo, donde la oscuridad era completa. El silencio sagrado se armonizaba con la serenata de grillos y el riachuelo de fluidez infinita. No importaba el lugar, pero ella era feliz. Lo era más que en la ciudad. Me decía, con una mirada maternal, pero alegre: Hay tantos lugares para vivir, y sin embargo escogemos aquellos en que no vivimos, sino que sobrevivimos.
Tenía una energía increíble. Era como si todos los días fuera una niña que veía y conocía cosas nuevas. A veces caminábamos juntos y al rato se me perdía. Salía a buscarla y no la encontraba. Me devolvía, por el camino que llevábamos. Me metía entre unos bosques cerrados, salía a unos pastos húmedos y largos que me cubrían. Me detenía, la llamaba: ¡Elizaaa! y nada. Seguía buscando, seguía llamándola: ¡Elizaa dónde estás! ¡ No te veo, no te encuentro! Y de pronto, alguien se me abalanzaba encima estrepitosamente, me lanzó con fuerza a la tierra, oía risas. Me abrazaba revolcándome en el barro, se reía, me miraba y decía "¡aquí estoy!"..mi querido...aquí estoy.. ¿Ahora me ves? Me tomaba y se reía; ¡¿ahora me ves?!. Yo le respondía; nos hemos embarrado. Ella le gritaba a los cuatro vientos y a mí: ¡qué importa! ¡qué importa!.

Otras veces decía "te hago una carrera". Yo tomaba recién aire para responderle, y ella salía raudamente corriendo. En esas fracciones de segundo podía contemplar su pelo ondulado, moviéndose en su espalda, el viento, que no podía verlo, pero si ver como los trigales se inclinaban hacia el lado de ella, como su color castaño se mezclaba con el café de los cerros. En ese momento yo me quedaba atrás, en esos pequeños momentos yo era más feliz que ella.

Cuando recién empezaba a correr tratando de alcanzarla, me gritaba, "¡te voy ganando, leru leru, te voy ganando!". Después dormimos un rato, allí tirados. Sentí una caricia en el pelo con su palma y otra en la mejilla con los nudillos de sus dedos largos y delgados. ¡Despierta bello durmiente! ¡Despierta!. Por mí, habría seguido durmiendo, pero otra vez me dijo "hay que hacer cosas, muchas cosas", entonces, casi de la nada se volvió a levantar, se puso el chaleco con el cual se tapaba y salió corriendo sin detenerse en dirección a un alerce que había en el lugar. Empezó a encaramarse por los troncos, de pronto, la veo arrimada como a cuatro metros. Me grita, "¡veeen! ¡veeen! Y yo fui. Me mira desde lo alto; ¡sube! sube!, mas le respondo: “no, me da miedo", "no puedo". Ella dice: "sí, ¡si puedes!" "toma mi mano..ven" "¡sí!...así..así", hasta que subí. Me abrazo como un hijo, busqué sus cabellos, su regazo, oí esto de su voz algo ronca pero cálida y lenta: "Mira hacia allá. Nosotros sentiremos el ocaso, mucho antes que muchas almas. Porque ese sol se nos va detrás de esos cerros, mas para muchos que están por delante de ellos, solo lo verán esconderse tras casas o edificios, y otros pocos lo verán irse por el mar. Pero tu y yo, estamos solos aquí para compartirlo. Al igual, que la nobleza de este alerce, no olvides jamás este momento”.

Ya ha pasado mucho tiempo desde que oí esas palabras. Aún trato de comprenderlas. Pero no han sido los libros, los que me han ayudado a ello. Tampoco correr en las mañanas al trabajo y derrocar al otro para ser más eficiente o exitoso en la selva urbana. Menos permanecer en la oscuridad del encierro. Fueron esos tres meses en que pude sentir con ella. Fueron esos tres meses, en que ella sabía, que pronto su cuerpo se rendiría al dolor, en que la muerte la buscaría sin prórroga, en que ya no había tiempo para dejar una semilla. Fueron esos tres meses en que ella me enseñó a vivir y yo, que no tengo certeza del día de mi muerte, me empeño tanto en ahogar la vida, en seriedad, temor, y melancolía. Pero que más puedo hacer, si mi alma se destroza, si mis lágrimas caen sin consuelo, cada vez que veo irse el sol, allá en el océano, allá en el oceano.

20 de Marzo 2006

Texto agregado el 21-03-2006, y leído por 51 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2006-04-02 16:11:42 Salvajemente bello, personal, inspirador, excelente narrativa. Te voy a decir algo. Tu eres mejor narrador que poeta, para mí por lo menos, te lo digo con sinceridad, creo que si te pones a crear así, uf, serás más grande, mis estrellas y muy merecidas lapluma
2006-03-27 08:34:16 Esta bella tu narracion, llena de sentimiento y nostalgia por aquel amor que no volvera, lindo esta.***** lamore
2006-03-26 20:16:45 A veces en la vida? suceden cosas inexplicables que no tienen una razón de ser.. a veces sucede que llega alguien a tu vida y te cautiva de tal modo? que no sabes como explicarlo y sean 3 meses o sean 7 o quizás menos que eso, lo concreto es que, cuando dos seres se "llevan" tan bien como si cada uno llevase una parte que es necesaria para el otro..se produce el complemento, es como el agua que al juntarse con la tierra? produce el lodo, elemento que en todas las culturas representa la base que al ser bien mezclada en partes iguales? está apta para usarse como adobe , el primer elemento básico que se usó en la construcción , en tiempos antiguos. y pase lo que pase, siempre la tierra y el agua por naturaleza? se necesitan del uno y del otro a la hora de construir.. mis ****** :) Vilyalisse_Sidhe
2006-03-23 05:54:42 yo habria dado todo, hasta mi vida por vivir tres meses con la persona que amo, al igual que tu ***** me_mataste
 
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