Él la amó, en silencio, durante largos años.
Ella simbolizaba lo perfecto, lo hermoso.
Estaba siempre arreglada, bien pintada, vestida a la moda, sonriente.
Gentil, recibía a todos los clientes de la tienda en la que trabajaba.
El buscaba excusas, permanentemente buscaba excusas, para pasar por la vereda y mirarla. La miraba eternamente, hasta que los ojos de ella lo buscaban. El se sonrojaba, sonreía y continuaba caminando.
Algunos días, los menos, entraba, y sin dejar de mirarla, compraba algo.
Una tarde, escaparon juntos.
- Que raro -pensó el comisario en voz alta.
- Si -dijo el dueño- Quién robaría un maniquí?. |