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LA TRAMPA No pensó su destino. Al sumergirse en tan tibias y placenteras aguas jamás sospecho lo que le sobrevendría. Tenía la marca de la fatalidad, las horas avanzaban lentas prolongando su tortura, a cada entrada sentía cómo su esencia se escapaba, cómo se le iba la vida. Al salir albergaba efímeras esperanzas de libertad, pero, ¡vaya!, era regresado con mayor sevicia a las aguas de la muerte, fue sumergido una y otra vez por una fuerza incognoscible, fuera de su comprensión. Ah! pero con su último aliento, a portas del final, la bolsa de té atino a sentenciar: “La fuerza del destino es superior a la voluntad”. Fin. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |