Recostado, fumando, el humo se eleva transformando continentes, los ojos puestos, fijos vacíos. De repente irrumpe ella: delgada , alta, flameando su paraguas negro, mojados sus pies, su atuendo y su aliento. EL ni la mira, descuidada ella moja la alfombra mullida _tengo Frío_ musita. El le tira la fina camisa apenas para cubrirla. Suceden comentarios, citas, aveniencias. Afuera la fina llovizna desnuda la ciudad. Adentro demuda sentimientos y afloran las viejas caricias milenarias. Las horas se despegan del reloj, desmigajando el tiempo. El alba descubre de a poco, un paraguas, negro una fina camisa y dos huecos calientes, en una fría sábana otoñal. |