Me descubrí caja de fósforos, aún humeantes,
me despojé de los trenes oscuros que me vestían
y pude verme lápiz y sincel,
y clavija y apéndice
todo cubierto de nada,
por mi cuerpo infinito me recorría la nada
solo formas sin forma que hablaban de existencias,
como sol o montaña, o piedra,
quizás como yo mismo transformado en otra cosa,
disuelto como una amapola en miles de vidas,
como miles de sangres en una sonrisa oculta.
Me desperté salón vacío,
plagado de no seres mudos,
quise invitar a todo el mundo
mas inmóvil no pude abrir la puerta
y todos se marcharon,
menos la noche que espero mi espasmo y movimiento,
y vi su espalda desnuda,
todo mientras era yo un espejo,
sequé sus senos blancos
mientras era yo sus manos,
y supe su tristeza transformado en sus lágrimas,
y mi muerte misma pasó de largo
al descubrirme que ya había muerto.
|