A través de las ramas del rosal,
la luz se escapa,
alargando las hojas y las sombras.
La bóveda celeste de un gris acero viste el tiempo,
y el instante se dilata.
La oscuridad expande su ceguera,
y el manto de la noche se extiende en todo lo creado.
La vida duerme el sueño de la luz,
y el horizonte espera, ilusionado,
que asomen los colores del alba,
una y otra vez cada mañana. |