Hoy siento que sé algo de verdad, no algo en particular, sino algo de toda ella.
No es muy grande, pero más que nada no es útil.
Allí me pregunto “¿Sabré algo de verdad? ¿Es acaso la verdad un engaño?”
Toda la frustración se encarna en un revire de truco hacia la “veracidad”.
Y no es el mundo quien me miente. ¿Seré acaso yo quien miente? ¿Me estoy mintiendo acaso?
¿Esa incapacidad de darme cuenta de lo que me doy cuenta será una incapacidad?
Esa incapacidad de aplicarlo. Esa vagancia para aplicarlo.
Esa incapacidad. Es incapacidad.
El mono por más que vista de seda........ Sigue siendo un maldito mono.
¿Pero si no es verdad?, si en realidad no hay ningún mono¿? Y si el mono sabe lenguajes y comportarse¿?
No deja de ser un mono.
Maldita sea. ¿Y si en realidad no hay verdad? Eso sería más fácil. ¿Si están todos equivocados menos yo? Eso sería más cómodo. Seguro que sí.
¿Pero si estoy equivocado, por qué no me lo dicen? ¿Sirve que me lo digan?
La verdad es que no sé algo de verdad, sino que no entiendo.
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