No merezco tu sangre. No pude soportar sus ojos lánguidos, deliciosamente decadentes; levanté la barbilla, invitándola, y ella ataco mi cuello jugoso. Dispárame la bala de plata, no merezco tu sangre.
Texto agregado el 09-12-2003, y leído por 94 visitantes. (1 voto)