La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - fabiangs - 'La Santita.'
La Santita.
La Santita llegó un día en que su tío, el cura Eliseo, estaba observando un cuadro de grandísimas proporciones, cuyo dibujo era una paloma blanca. Nadie la esperaba. Adín, quien acomodaba la gran obra en el techo, observó desde allí una mujer joven que vestía de blanco, de cabello largo y castaño, de grandes ojos negros, ella también lo observaba y sonreía maliciosamente mientras abrazaba a su anciano tío. Esa sonrisa hizo que volvieran las remembranzas de su niñez.
Adín la recordaba como la niña tímida que todos consideraban buena y bondadosa, y quien vivía con su madre, una modesta costurera. Él era el niño más inquieto y molesto de su curso. Un día, en que estaba aburrido en clase, le lanzó una bolita de plastilina a Anaid, y ella al siguiente día, sin que hubiera testigos, sacó de su boca una bolita de goma de mascar, se la arrojó en la cabeza y le sonrió con una sonrisa maliciosa que le produjo miedo. Él por su parte, por más que trató de quitárselo, se extendió en su cabello. La maestra Carmen no prestó atención a la versión del pequeño, porque pensó que era una gran mentira y la solución fue unas tijeras que dieron como resultado la calvicie y la burla de los demás niños.
El día que todos los alumnos hacían la primera comunión, Anaid al tragar la pequeña oblea, cayó al suelo con los brazos abiertos. Su madre, y los que presenciaron esto, se asustaron ante tan extraña situación, luego ella describió con una gran maestría, que había sentido un calor en todo su cuerpo y por un momento había observado un ángel que la bendecía. Desde ese momento, todos la llamarían La Santita, excepto Adín, quien sabía que aquella actuación era solo porque recibiría más regalos e invitados en su casa, ya que días atrás, presuntuosamente él, le había mostrado la larga lista de invitados a su fiesta.
En su adolescencia se había marchado del pueblo con su madre, ahora era novicia en un convento de la capital, y había salido de vacaciones, así que quiso pasar sus días con su tío. Esa fue la explicación de su llegada, pero lo que nadie supo, es que había huido de allí, aburrida del encierro.
Luego del rutinario y trivial saludo de los viejos conocidos que no se ven, Adin le habló a La Santita de su oficio y le mostró el gran cuadro del techo, que había sido elogiado por todos, y el cual era su mejor obra, y entre las muchas horas de conversación, convenció a La Santita de pedirle a su tío que pagara más por el cuadro. La Santita había accedido, porque le parecía una obra que valía el precio, además, que estaba segura que su tío no le negaría un favor.
Al rato, con un pequeño emisario, Adin recibió el dinero, pero este al contarlo, se dio cuenta que estaba recibiendo la mitad de la suma pactada con el sacerdote, y caminó a paso acelerado para la iglesia. El anciano cuando lo vio, no lo dejó hablar sino que le dio las gracias por utilizar parte del dinero, en obras de caridad ya que La Santita, lo había puesto al tanto de su nuevo proceder, lo felicitó y le dijo: -Recuerda que las obras de caridad dicen quien es hombre de bondad, porque Adín era considerado un hombre sin escrúpulos, astuto y ambicioso y eso era muestras de un nuevo cambio.
Y con aquella reflexión, no tuvo palabras para responder, pero también recordó que del santo me espanto, del pillo, no tanto, así que decidió no pedirle el restante dinero a La Santita.
Texto de fabiangs agregado el 10-04-2006. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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