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Sólo para mujeres
Una de las primeras en llegar, fue lady Ahston que lucía un vestido precioso aunque un poco pasado de moda, Emily, observó los discretos agujeros que había dejado la aguja sobre el polisón al tratar de ajustarse a la figura de lady Ashton. Ni el sastre más experto podía evitar que las huellas de su trabajo se reflejaran en aquellos hermosos vestidos de vida tan breve.
Ninguna dama con una posición social respetable debería usarlos más de tres veces si no deseaba ser el objeto malicioso de los cuchicheos de las demás, por ese motivo resultaba fácil adquirirlos a buen precio una vez pasada la temporada y para ser usados en otra localidad.
Lady Ashton, era muy hermosa, sus ojos era grandes y una chispa de humor e inteligencia parecía iluminarlos, su boca era ligeramente carnosa, sin llegar a ser demasiado sensual, su nariz era pequeña y discreta y el conjunto de sus rasgos, etéreos, bien proporcionados y delicados dotaba a su dueña de una belleza serena y magnífica.
Llevaba puesto un hermosísimo vestido de color malva, que ceñía fuertemente su cintura e impedía cualquier intento de tomar asiento, lady Ashton, no obstante soportaba estos inconvenientes con una sonrisa encantadora que no reflejaba ninguna incomodidad y
Rosa, Rosa, el teléfono
Voy
Llevaba puesto un vestido de color malva que dificultaba fuertemente su respiración impidiendo que pudiera tomar asiento, los zapatos de tacón oprimían sus talones y cortaban la circulación haciendo que le martillearan las palmas de los pies. Lady Ashton, sufría con profundo estoicismo estos inconvenientes, con una sonrisa un tanto forzada que apenas reflejaba incomodidad alguna y
Rosa, Rosa, el teléfono
Vooy
Llevaba puesto un vestido morado, incómodo y en cualquier caso demasiado pequeño, le impedía respirar, sentarse y moverse con naturalidad, dotándola de una suerte de movimientos forzados y poco elegantes que unidos al horroroso dolor de pies que sufría en ese momento, hacía que una sonrisa crispada parecida a una mueca simiesca le afeara aquellos rasgos tan delicados y
Rosa, Rosa, el teléfono
Vooooy
Aquel horrible vestido le hacía sentir como una ballena encorsetada, le daba miedo incluso reírse no fuera a soltarse una de esas horribles varillas que torturaban sus costillas y a incrustarse en la delicada piel del pecho como parecían insinuar los fuertes pinchazos que sentía al respirar. Y esos zapatos, esos crueles y absurdos zapatos que la elevaban al menos 20 cms por encima de sus pies, machacando cada uno de sus dedos, privándole de la circulación y haciendo que se le durmieran y fuera incapaz de caminar, realmente merecían un suplicio atroz y cuando llegara a casa se encargaría de que no pudieran volver a torturarla jamás. Los entregaría a la caridad para que alguna aldeana palurda e inculta los llevara puestos y estallara cada una de sus molestas costuras y torciera los tacones hasta desmañarlos. Estos pensamientos hacían que sus rasgos por lo natural abiertos y distendidos, se encontraran contraídos, sus ojos tenían un reflejo cruel y sus labios se hallaban fruncidos en un rictus de extrema tensión que le proferían el aspecto amargado y siniestro de una solterona de
Rosa, Rosa, el teléfono
Ya voy, ya voy
Siempre deseó desprenderse de aquel vestido, ni siquiera sabía porqué se lo había puesto, odiaba ese calor malva tan cursi, y detestaba sentirse atrapada por aquel corpiño tan apretado, por eso cuando tiró de los cordones de su espalda y empezó a ahuecar el cordón, discretamente al principio y con una renovada energía al recuperar el aliento, sus rasgos marcados a fuego en su cara reflejaron una absoluta carencia de moderación en su carácter, y una pasión tan encendidamente violenta en sus ojos que hubiera podido muy bien confundirse con la locura absoluta que
Rosa, Rosa, el teléfono
Yaaaaaaaaaaaaaa
Lady Ashton, se sacudió aquellos horribles zapatos dando dos fuertes patadas al aire, que nada tenían que envidiar a la coz de cualquier caballo salvaje, después con los pies descalzos recorrió la estancia sorteando a todas aquellas estúpidas esposas de ministros y oficiales, hasta encontrar unas tijeras. De forma deliberadamente lenta cortó el cordón que había luchado por asfixiarla y después tironeó con fuerza del vestido hasta que este se desplomó con un ruido sordo de tafetán vencido sobre el suelo. No le pareció suficiente, por ello clavó una y otra vez las tijeras sobre la inmunda tela, rasgándola con cruel sadismo e inusitada rabia, para acabar arrojándolo en las llamas de la chimenea. El reflejo naranja del fuego daba a sus rasgos una profunda belleza, haciendo que su piel pareciera un hermoso atardecer y dotándola de una serenidad envidiable que
Rosa, Rosa, el teléfono
Texto de rnahimla agregado el 11-04-2006. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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