Cuelgo tu descabellada lengua.
En alfileres la ensarto,
sisea cual lagarto,
poco a poco su veneno mengua.
Pero ¡Oh!, vuelves a enderezarte,
apoyada por los dedos,
te revuelcas y tiras pedos.
Debo volver a matarte.
Al fin, tu ponzoña cede,
tu talento diminuto,
tu cuerpo se vuelve enjuto,
expulsa tu excremento y...muere.
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