Corrió el jinete de la muerte en su negro corcel por la noche imperante. A tiempo merodeando Juan Chapín lo diviso atravesar los matorrales. Y nada lento ni perezoso escapo rápidamente, y esa misma noche le pidió su tiempo a su patrón con la excusa de que debía ir a su pueblo sin darle mayor explicación. Como lo vio tan agitado y habiendo sido tan buen peón, le dijo:
-Mira Juan, vos siempre has sido buen trabajador y te has ganado nuestro cariño, si tanto te urge irte a San Martín toma mi caballo el relámpago, ese si es rápido y así llegaras pronto a tu pueblo.
Después que tomando las riendas y partir, el patrono se encamino hacia la milpa todo intrigado para ver si podía encontrar ahí la respuesta del comportamiento extraño de Juan. Y cual seria su susto al aparecérsele súbitamente y con la hoz levantada, la muerte, la silueta bajo el claro de la noche, y con el carácter y tono usual de ella, le dijo:
- No te asustes no vengo por voz sino por tu jardinero Juan pero tengo órdenes de llevármelo y tiene que ser allá en San Martín, su pueblo.
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