Despertó al unísono con las estrellas. Desde hace mucho no contemplaba el rubor del mar. Había perdido la costumbre... Quizás por eso despertó sin previo aviso.
Era muy temprano. No reconocí la hora, pero llegaba a ser tarde.
Levantóse de una forma tan mecánica, que parecía levitar del suelo fresco cuando caminaba.
Salió del faro y comenzó a caminar por la playa. No recuerdo cuando fue la última vez que salió de ese faro. Sin duda no volvió a salir desde que murió su único amor naufragando en el olvido del mar. A partir de entonces se encerró en ese faro viejo para que nadie vuelva a pasar por lo mismo. Aunque en realidad sólo lo hizo con la intención de escapar del mundo exterior.
Hasta donde yo supe, vivía solo. Porque el oficio y las arrugas del tiempo impedían que fuese lo contrario. No añoraba el antaño como la mayoría de los mortales, simplemente, porque se había considerado a si mismo un fantasma que rehuía el pasado en legítima defensa para mantenerse con vida.
Lentamente caminó hacia la orilla. El mar parecía arrullarse en un torbellino sobrenatural con la sutileza inadvertida de los años perdidos. Exhaló la última bocanada de aire cuando se encontró una vez más con la mar. Sintió que pasaron siglos antes del reencuentro. Por un momento se sintió atraído con el brillo casi oscuro de la espuma desangrada en evocaciones y sueños rotos y con la humedad casi seca del desenfreno.
Comenzó a acercarse y presintió a lo lejos un rumor que provenía de las profundidades. Se acercó más para escuchar lo que había allí. Surgieron así, las voces de su memoria. Voces que nunca había escuchado, pero que tenía tan bien grabadas en su inconciente. Mientras más se acercaba, más sentía ese temblor en el corazón. Fue en aquel momento cuando comenzó a hundirse más y más hasta quedar completamente sumergido. Justo en ese momento escuchó el murmullo más hermoso jamás escuchado por sus oídos y que terminó por colapsar sus emociones: Era la voz de ella...
Quiso alcanzarla, pero recién pudo darse cuenta que aun seguía siendo un mortal, el aire le faltaba, la desesperación llegó a un punto crítico, ¿Qué hacer, morir o seguir?...
Decidió dar un paso más y abandonarse a su soledad...
Dedicado con mucho más que cariño a -an- |