La madre, nerviosa, se muerde las carnes internas de los labios, mientras se dirige a la iglesia. Mientras su hija espera en una de las bancas, María Sempere Pietro habla en la sacristía con el sacerdote.
La mujer expone al cura que pronto recibirían en casa, la visita de unos familiares lejanos y su hija, siendo una mujer distinguida en el lugar, proveniente de una familia de vastos recursos, con ascendencia italiana, y que había sido criada con una profunda religiosidad, no había podido corregir su timidez, tanto así, que a veces tartamudeaba y le costaba tratar con la gente ya que era muy introvertida.
El sacerdote, se queda pensando un rato y se le ocurre que su sobrina, podría enseñarle ya que estudia para monja, y sabe de clases de canto, baile, y dicción. Ella, quien se encontraba allí, responde que estaría encantada, puesto que tiene experiencia en la enseñanza del comportamiento en los ambientes más selectos. La sobrina del cura, quien todos llamaban La Santita, le es presentada su aprendiz, Antonia Molinelli Sempere.
En casa de los Molinelli, la Santita dice: -Lo primero que haré, es darle lecciones de gramática porque es una de las primeras cosas que hay que saber para poder exponer las ideas. La madre de Antonia sonríe complacida y felicita a la Santita por su vocación, sin saber que ella es una mujer vivida. A lo que responde: - Mi mayor fuente de inspiración, es la celestial y suprema figura de Cristo. Luego gira la cabeza y observa a Antonia con su vestido casi medieval y con una sonrisa maliciosa piensa: A esta la han educado para ser aburrida.
La madre deja a las dos jóvenes en la sala, y la nueva instructora empieza sus clases, más tarde, cuando toman una taza de café, la Santita siendo una mujer interesada, le habla en secreto. Le expone que ella tiene la orden de enseñarle sobre comportamiento en sociedad, pero le pide que por ningún motivo le pregunte sobre temas tabúes. La joven intrigada por la curiosidad insiste en saber. La Santita le propone un pacto el cual consistiría en el pago secreto de la revelación, aunque ella, utilizaría el dinero para los pobres.
Y mientras la Santita le explicaba sobre asuntos de pecados del corazón y de la carne, Antonia abría los ojos más de la cuenta, como asustada. La Santita le aconseja que siendo una mujer de hogar y sumisa con una madre estricta, represiva y tradicional, nunca podría conocer nada, porque el mundo es para los osados y no para los tímidos callados, así que en secreto le enseña a actuar a cambio de dinero y joyas.
Tiempo después, la conocida timidez de Antonia Molinelli estaba vencida, logró convertir su defecto en una gran seguridad que demostraba a cada instante, (solo por lograr su libertad) hasta para la Santita era de asombro, porque ningún audaz lo es tanto como un tímido que vence su timidez. |