En un sueño de mandrágoras,
elixir de amapolas
la dama deja su estola
en el cajón de la alcoba
un viernes de madrugada
Disemina sobre el lecho
sus blancas extremidades
se inmiscuye en sus edades
va palpando sus verdades,
se enrosca cual un helecho
Un icono de silicio
revolotea en satenes
viene y va entre vaivenes
arremete y se detiene
prolongando el fiel suplicio.
Y un gemido ronco, puro
va brotando de su pecho,
despacio, marcando el hecho,
acompasando a cada trecho
un gozo blando y oscuro
Al fin, la explosión sublime
inunda su intimidad
con trompetas de castidad
ve de cara a la verdad.
El icono se redime
Luego, ya en calmo reposo
la respiración acompasada
la luz de la madrugada
la ilumina consolada
luego de tanto gozo
Al sueño ya se abandona
la vulva aún palpitante
sus labios rojos, radiantes
siguen soñando expectantes
al icono en la poltrona
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