(Contemplo las lilas sin olvidar su humedad de terciopelo,
voy heredando pesadillas para sobrevivir el atardecer que me respira)
He visto tu cuerpo inerte, flotar en el océano
y el silencio me ha sido devuelto en pedazos.
Los segundos han dejado de transitar en círculos
donde el centro era tu voz sin estallar.
Ahora puedo morder tus cicatrices
y enredarme en tus suicidios,
profanar tu mirada vacía. Aproximación de la piel hasta el fin de la cruz.
Me has tendido un puente sin esperar al final de él,
ahora creo en la libertad de la muerte
y en la espera de un mañana destrozado.
(“Loba-tiempo de aullidos exánimes,
que haces posible las transfiguraciones de su rostro
y el desvanecer de los hilos que salen de mi boca
¡Alucíname una vez más!”)
¡Enciéndeme! soy tu asesino: mira mis manos.
Pero, tú eres yo, lo somos todos
y esta muerte es mi transitar por…
sustancia humana.
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