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Inicio / Cuenteros Locales / ulpiano_carpe / El fin de lo que nunca se vivió

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El fin de lo que nunca se vivió

Era un día más en la vida de Amparo, gozaba al saber que asistiría a otra fiesta. Eso la llenaba de alegría nuevamente. El compartir, conversar y conocer amigos era su devoción, creía que entraba a un nuevo vivir donde sentía la comprensión y apoyo de sus amigos, donde todo era alegría y los problemas en común parecían unirlos, ella se olvidaba de sus malos ratos y sus amigos buscaban tal vez el tiempo que sus padres no le han prestado en escuchar.

El movimiento desordenado de las luces de colores de la fría noche sureña más la música de cada Sábado bastaban para Amparo y sus amigos para entrar en la más cálida sensación de amistad diversión y sexo, donde el humo gris se paseaba por el rostro de los jóvenes buscando la destrucción de sus personas, casi sin poder ver los grandes ojos verdes de Amparo. La quinceañera movía su pelo castaño y paseaba sus manos desde su pecho hasta sus largas y blancas piernas al ritmo de la música. Sus ojos y grandes labios estaban indicándole a su compañero de baile que quería compartir su cuerpo con él. Amparo solo se dejaba querer, sentía los labios temblorosos de Manuel que poco a poco y lentamente indagaban el rostro de ella, se olvidaron del frío y el ruido de la música que parecía desaparecer cada vez mas para ellos.

Nadie se olvidaba que todos tendrían que irse, los padres de un muchacho llegarían pronto a la casa y Manuel con Amparo deberían salir pronto de la habitación.

Manuel era un ex compañero de básica de Amparo por lo que se tenían afecto y un cierto conocimiento del otro, el reencuentro en aquella fiesta pareció haber regresado a una época que de alguna forma preferían mas que de su actual estar. Sin embargo no se han dado cuenta que ahora son muy diferentes del uno con el otro y que a empezado el fin de su tiempo.

La mañana, esta vez soleada, parecía indicar el término de su gran noche, creyendo haberse transformado mucho mas que en una adolescente que recién despegaba su vuelo, un vuelo que jamás llegaría a su destino. Aún así ella siempre esperaba hasta una próxima oportunidad para escalar mas alto. Regresaba a casa donde la esperaban en la mesa sus padres y sus dos hermanos menores. Amparo se sorprendió mucho a ver a su padre, era un hombre que por estrictas razones de trabajo viajaba mucho y solo una vez al mes dejaba el sustento y compartía con los suyos. El se alegró mucho de verla, pero su madre muy flexible, para no amargar el sabor del almuerzo, le demostró su preocupación a Amparo de por qué no avisó que no llegaría en la noche anterior. Estaba muy preocupada.

La madre no terminó de llenar el plato para Amparo, cuando ésta se fue y no se quedó a almorzar. Para Amparo era tedioso estar con sus padres, el tiempo con ellos se reducía sólo a la hora de la cena, donde a veces la televisión y luego el cansancio hablaba por ellos. La joven volvía a ser la de siempre muy reservada y arrogante con su familia, siempre buscando un afán de independencia. Tal vez por las continuas discusiones que tenía con ella, los consejos que le daban sus padres para ella eran críticas negativas y reproches y por eso se prestaba a compartir muy poco tiempo con ellos, lo hacía mas con sus amigas.

Los padres de Amparo eran personas de origen humilde, pero a base de mucho trabajo y sacrificio habían logrado entregarle a sus hijos una vida estable y tranquila. Tal vez la falta de tiempo que absorbía el trabajo no le permitían conocer a su hija un poco más. Pero eran personas de bien y muchas veces se hacían el tiempo para dedicarse a sus hijos.

Amparo descuidaba mucho sus estudios, le llamaba más la atención las experiencias nuevas y una de ellas era Manuel, aunque en realidad lo tomaba como un pasa tiempo, cuando caía la fría y larga noche Amparo continuaba con sus amigas matando el tiempo. Desahogaba sus problemas con el alcohol y las drogas, se convertía en una chica irreconocible para sus progenitores, mientras su padre emprendía un nuevo y largo viaje y su madre cuidaba a sus hermanos.

Habían ocasiones que Amparo llegaba a casa con sus bellos ojos, convertidos en de conejos y su largo cabello mojado por la fuerte lluvia. Su madre no podía más de impotencia, rabia, pena y decepción porque ella siempre le había ofrecido todo el apoyo dentro de lo que se podía, aún cuando la ausencia del padre se hacía sentir. Amparo la ignoraba y los castigos se convertían en algo cotidiano para ella. Su madre le prohibía que se juntara con algunas amistades y también que cayera en el vicio. Amparo contestaba agresivamente - ¡ustedes nunca se han preocupado de mí, ¿ por qué tendrían que venir a hacerlo ahora?!. Además tu vives trabajando, déjame ser como yo los dejos a ustedes -.

La madre preocupada y con lágrimas en los ojos no podía creer tanta descalificación injusta por parte de su hija, ella sabía que siempre le había dicho que nadie la querrá mas que sus padres y que siempre estarían apoyándola mostrándole el camino correcto.

Las nuevas amistades que iba sembrando parecían que pronto estarían dando malos frutos, de ellos sólo se podían rescatar algunas hojas y ramas no torcidas que le ofrecerán el apoyo que creía que ya desde hace mucho tiempo tenía.

Al poco tiempo Amparo comenzó a sentir mareos, al principio creyó que se trataba de los efectos del alcohol, pero pronto se dio cuenta que estaba embarazada. En un atardecer frente al mar y con una angustia enorme le dijo a Manuel que iba a tener “una guagua”. No terminó de desahogarse cuando Manuel levantó su mano y el pálido rostro que tenía Amparo se enrojecía con el llanto y el golpe, Manuel y Amparo no se vieron más juntos. La actitud cobarde y agresiva del adolescente se explicaba en su destino que hace poco tiempo conoció y que pronto lo llevaría a la muerte inevitable. Amparo comenzó a sentirse cada día peor y su desprecio al consejo de sus padres comenzaba a hacerse sentir en ella. Estuvo mucho tiempo sola pensando con su almohada mojada en lágrimas y viendo las cosas tratando de hacerlo con otros ojos.

Cuando Amparo empezó a ver la verdadera luz, un día en la mañana en el colegio decidió que al llegar a casa conversaría con su madre, además se acercaba su cumpleaños y era un buen momento para confesarle su problema y pedirle perdón. Pensaba en eso cuando un profesor le informó que abandonara la clase y que fuera al hospital rápidamente por que se trataba de su madre. La imprudencia de un conductor estaba arrebatándole el tiempo de vida a la joven madre cuando cruzaba la calle. Mientras Amparo esperaba en el pasillo del hospital para ver a su madre sin pensar que el tiempo se le acababa a ambas se le acercó una amiga y se abrazaron las dos tristemente, amparo notó que su amiga Paulina quería decirle algo que no se atrevía decir o que prefería esperar. Amparo llena de lágrimas le insistió en que hablara. Paulina abrazó fuertemente a su amiga Amparo y de la forma más delicada que siempre debe tener una mujer para todo le dijo que Manuel había fallecido hace muy poco rato. Cuando Amparo le preguntó -¡cómo!- Paulina guardó silencio viéndola fijamente a los ojos, Amparo casi descifrando en esa mirada lo que la esperaba, recordó también viejos y vagos rumores. Amparo partió corriendo y llorando por el pasillo helado y oscuro del hospital buscando la habitación de su madre cargando con la más profunda angustia de culpa y también de odio hacia Manuel que le recordaba el comienzo de su pronto fin en aquel dormitorio de una noche de fiesta y que traza el fatal destino de una inocente criatura que lleva en sus entrañas. Corriendo y angustiada entró a la habitación de su madre, la tomó de la mano y sólo le decía -¡perdóname! Mamá te quiero, te quiero -. La madre de Amparo agónica le dijo: - hija cuídate mucho, nadie te quiere mas que yo – si sé – dijo Amparo. ¡No! Respondió la madre, lo comprenderás el día que tú tengas uno en tus brazos. Amparo se largó en lágrimas, apretó fuertemente la mano de su madre y con la otra su vientre, mientras escuchaba un sonido continuo y monótono, dentro del inmutable silencio viejo e inhóspito de la habitación que indicaba el fin del tiempo que no supo aprovechar con quien había sido su mejor consejera.

Fin

Nota: primer lugar concurso literario. Mejor no digamos dónde. Sin embargo le tengo aprecio a un texto escrito por un ingenuo que aún tenía algo de bueno, antes que el mundo le abriera sus ojos.

Invierno, Julio 1999.

Texto agregado el 02-05-2006, y leído por 38 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2006-05-05 04:29:45 Escrito que refleja tu mirada en una etapa adolescente , viviendo experiencias que quizás muchos jóvenes de algun modo han tenido que plasmar en su piel.. Por lo que no me extrañaria que haya ganado pues tiene buena redacción, coherencia, tiempos y rítmos, y por sobretodo? transversalmente pone en el tapete los cuestionamientos valóricos y las diferencias generacionales entre padres e hijos , la falta de comunicación entre ambos y el modo como perciben la cotidianeidad de la vida. Además me muestra tu manera de ver la vida "antes" de que según tú, "te abrieran los ojos" , lo que me parece un privilegio para el lector, tener la posibilidad de "ver" una fotografia tipo escrito y conocerte en tus inicios. Mis ************** como siempre para ti!! :) Vilyalisse_Sidhe
2006-05-02 13:50:59 No me estraña que quedara en primer lugar. Esta todo todo muy bien, enterito y la historia genial***** eslavida
 
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