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Inicio / Cuenteros Locales / Axterion / No me olvides.

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El cielo es un azul que se me esconde entre el borrón verde y amarillo de hojas que se mecen al compás del viento. La verdad es que no quiero mirar adelante. Prefiero buscar pedacitos de cielo entre las ramas de los árboles. Quizás lo mejor sería volver en veinte años, cuando mi sombra proyectada en el caminito de piedras que va a tu casa no me invitara a escapar. Y es que ésta es una linda tarde en verdad, como para ir a buscarte. Me llega el valor con una brisa otoñal que me empuja a dar el primer paso sobre las piedras de río que serpentean hasta la puerta de roble que yo mismo instalé.

Cada que vengo a tu casa algo me pasa. Me ataca la nostalgia asesina. Quizás hoy te hayas asomado desde allá arriba para ver cuando me tropecé de camino a acá. Te habrás reído un poco, supongo, aunque ciertamente pude esquivar esa caída como todo un campeón ¿No crees? Es difícil estar aquí parado ante tu puerta decidido a tocar, a no resignarme nunca a lo inevitable, espero que me guiñes un ojo si aún me estás viendo. Pesan las llaves en la bolsa del pantalón y a pesar de todo golpeo la puerta con mi puño tres veces, fuerte para que me escuches hasta el patio trasero. Espero un momento. El ramo de no me olvides aún huele fresco, se disfruta más ese olor aquí que en plena ciudad. Creo que por eso decidiste que compráramos esta casa y yo accedí, no hay nada mejor que poder dar un hondo respiro aquí para luego sacar las llaves y abrir la puerta sin resignarme. En la entrada no estás, como era de suponerse. Sin embargo por todo el piso hay hojas secas regadas. Creo que ya debo reparar ese hoyo en el techo, me digo. Camino por la habitación provocando un crujido a cada paso cuyo eco se pierde en la soledad de la casa. Miro tu abrigo colgado y abajo tus botas. Las mismas desde hace quince años. Supongo que no has de usarlas mucho.

Dando unos pocos pasos llego a la cocina. Siempre me gustaba abrir con mucho sigilo la puerta y entrar hasta la cocina en donde tú estabas dando los últimos toques a tu menú y, en ese momento, saltar y sorprenderte totalmente desprevenida, ganar un grito y huir riendo. ¡Cuantos platos y hasta comidas desperdiciadas nos costó! Pero hoy no. Sólo tengo que dar esos pasos para comprobar que no estás en la cocina, como yo ya lo sabía, y ésta luce triste, extrañándote a que vengas a hacer milagros de mujer. Paso y me tomo la libertad de buscar una jarra y llenarla de agua para poner las flores, tengo que buscarte primero y no quiero que se marchiten junto conmigo. Desde la cocina se ve la salita, acogedora como siempre, en donde te imagino acurrucada en tu rincón leyendo. Sé que no es así, pero desde aquí que no puedo comprobarlo me gusta pensar que sí, por un momento me doy ese placer egoísta.

La sala también fue atacada por las hojas y por sobre los sillones y los libreros se esconden hojas ladinas que se ríen de mi crujiendo mientras voy y me topo con la puerta de la alcoba que me sale al encuentro como un demonio, como un letrero peligroso, y yo le enfrento dando dos golpecitos que resuenan como tambores en el frío de la habitación en donde estoy seguro de que no te encontraré. No necesito más que abrir para comprobar lo obvio. El cuarto impecable como siempre. Con su cama matrimonial en la que libramos tantas batallas a morir. Interrumpiendo sólo para darle un trago a la cerveza que nos impedía derretirnos junto con el cuarto y seguir conquistando el paraíso a golpe de milagros. El ventanal que da al patio tenuemente iluminado junto con la habitación. Comienza a irse el señor sol. Voy al ventanal sintiendo cómo el corazón da vuelcos que no se distinguir si son de alegría, desazón o melancolía. Sé que allá afuera, al fondo, estás tú. Y yo me siento tan estúpido con mis flores, aquí en tu casa, como si seguir viniendo fuera la cosa más inútil del mundo, ahora que ya han pasado quince años. Al menos este año no te traje ningún regalo.

Como si me dieran un balazo en la memoria entro en el patio y pasa por mis ojos una película entera mientras voy viéndolo. Un pasto manso que se extiende rodeado de altos árboles y cubierto de algunas hojas secas por aquí y por allá. Manchones rojos, azules, amarillos y violetas salpicados al azar. A veces volteas y encuentras una nueva flor que te invita a que te acerques con ella y te comparta sus secretos de olores frescos y colores nuevos. En medio se interrumpe nuestro pequeño campo de flores por un caminito delimitado por altas y bajas flores, todas coloridas. Miro como toda la masa de color que baila al compás de viento y sobre la cual vuelan despistadas mariposas, es cortada a la mitad por el camino que se va hacia donde estás tú. Al fondo. No necesito que nadie me lo diga pues yo sé que estás ahí y me esperas, pues no esperas a nadie más. Atravieso el jardín mientras dejo que las flores me contagien de su baile y su alegría a cada paso que doy hacia ti. Recuerdo cuando visitábamos el patio, furiosos de amor, y tú me decías los nombres de cada flor y yo te interrumpía con besos tontos, para luego mirarte sabiendo que tú no me mirarías hasta besarme otra vez. Llego al fondo y quitando las flores viejas del florero labrado en la piedra le pongo el ramo de no me olvides que se ven opacados ante el jardín que se extiende frente a ellas dándoles la bienvenida con risitas que provoca el viento juguetón. Es triste pues fue lo único que te traje de cumpleaños. El sol ya se oculta a mis espaldas y yo disfruto mi privacidad contigo. En la casa que te regalé hace quince años. Y compruebo que es mucho más difícil estar aquí parado ante tu tumba que ante la puerta de tu casa. Con las lágrimas que no cesan y yo queriéndote decir todas las cosas del mundo o gritar, como cada año de estos quince años en los que no has habitado tu casa y en los que he venido puntual cada vez a visitarte y bañarme de melancolía. Para luego volver a mi triste vida urbana en la que me escapo de ti y de mi para tener el valor, el siguiente año, para quizás venir otra vez.

Texto agregado el 04-05-2006, y leído por 199 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2007-04-15 22:00:51 Los amigos de este texto: la poética, las imágentes recreativas, la estructura, y el éxito en la narración de un sentimiento. Los enemigos de este texto: la retórica en algunos momentos impertinente que te llevan en momentos a repeticiones innecesarias (por ejemplo "cocina" se repite en un párrafo incansablemebte), en algunos momentos se utiliza con algo de heterodoxia el gerundio (por ejemplo; "Interrumpiendo sólo para darle" o en "una película entera mientras voy viéndolo.". Otro amigo de este texto: que sus enemigos pueden ser exterminados sin gran problema para el autor. Rober to_Cherinvarito
2007-02-09 21:15:01 noooo, don Aldo me parece que tiene usted toda la magia posible en la narración: está llena de melancolía y muy bien llevada y que además cuenta con unas descripciones tan hermosas. Aún tengo un nudo en la garganta. Muy muy buen texto. Sintoma
2006-08-29 00:37:01 Muy bueno, d esos cuentos q t obligan a leer atrapandote en una trama confusa, es genial la forma melancolica en que narras todo y x supuesto el final que c puede intuir pero no deja d sorprender, Felicidades, me gusto mucho ;) pamela_loube t
2006-08-20 23:40:47 bueno eh mis ***** yeyson
2006-08-17 20:44:36 Escribes largo y tendido... Pero, me perdí un poco en los detalles. Mis cinco estrellas. josedecadiz
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